Yo he tenido jefes misóginos

Misoginia

Estuve en shock durante varios días (sí, días) después de descubrirlo, de darme cuenta. Fue como escuchar burbujas fueron haciendo “plop, plop” y las cortinas cayéndose de frente mis ojos.

Misóginos. Yo.

Como no se trataba de una violencia de golpes o de acoso sexual no caí en la cuenta, simplemente sabía que “con jefas mujeres nunca había tenido realmente problemas pero con hombres, sí. No uno, no dos… varios”.

Alguna vez lo comenté con Gina, mi ex jefa y me dijo: “es que hay gente que no puede con mujeres fuertes.” Claro, pensé, el problema soy yo.

¿Saben cuántas veces me pregunté por qué tenía problemas con ellos? Y me decía: es que los intimido. Es que seguramente no me gusta la autoridad. No, bueno, es que les molesta que sepa y me plante ante ellos.

O sea: el problema era yo.

Yo.

Hasta que mi terapeuta me preguntó directo y a la cara (después de escuchar algo que le comenté), ¿cuántos jefes misóginos has tenido? Porque seguramente te hacían sentir poco inteligente, no validaban lo que hacías o tus esfuerzos. Te hacían sentir menos.

Todo tenía sentido. En el pecho se me abrió un hueco. Las lágrimas escurrían y yo no podía hablar. Sólo lo escuchaba y lloraba.

Así que también esa es misoginia. Vaya. No soy yo.

Todo ese tiempo en el que no me sentí suficientemente buena. Que sentía que había algo malo en mí. Que yo tenía la culpa.

Misoginia.

Yo he sufrido de ella. Sin darme cuenta. Por años, en distintos países, diferentes culturas.

Si bien me he ido de esos lugares de abuso, se ha repetido una y otra vez.

Ha sido increíblemente liberador darme cuenta de ello.

Aún no puedo leer el libro que me dejó de tarea porque, literal, estuve enojada, incómoda, triste… confundida.

Abusivos. Inseguros. Idiotas. Tantas frases que les puse. Que me puse a mí. Pero nunca se me ocurrió la palabra “misóginos”.

Voy dándome cuenta de que esos abusos, esos gritos, esos malos tratos no tenían que ver exclusivamente conmigo. Pobres de sus mujeres. Porque esta mujer se largó.

A uno le dije “acepto tu disculpa pero hoy es mi último día”. Con otro decidí renunciar después de un rato de estar en shock. “¿Qué acaba de pasar, Pet?”, le pregunté a mi compañero de lugar después de que “el jefe” (típico charming, encantador, que todo mundo amaba hasta que mostró el cobre) me trató como estúpida y me dijo “Tanto pinche curso al que vas y no sabes nada”.

Cuando no estás acostumbrada a que te traten así (o eso pensaba), tardas en captar que sí, sí sucedió. Que te habló de esa manera, que te hizo sentir así.

Entonces me iba. Los dejaba.

Ahora tengo que pensar si he tenido parejas así (yo sé que sí, al menos uno lo tengo clarísimo); esos que sin gritos buscan hacerte sentir chiquita, no tomada en cuenta. Menos.

El primer paso ha sido darme cuenta. Ahora, vamos a romper el ciclo.

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