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Antes de comprar, lee esto

Antes de comprar, lee esto

Ya sé. Yo no tengo mucha autoridad moral al momento de hablar de sí o no comprar algo… soy muy gastalona pero también, tengo que reconocer, he aprendido a comprar.

Y, para ilustrarlo, vamos a enfocarnos a algunos de los puntos de esta gran lista (que no hice yo, pero me la conozco bien).

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Voy a empezar por el número 4…

¿Por qué o para qué lo quiero?

Antes de dar el tarjetazo, hay que preguntarnos para qué me sirve… otra taza más. Y antes de que digas: claro, para tomar café, puede ser que no. A veces la queremos como decoración, entonces: ¿dónde la vas a poner? Es en serio. Yo tengo una pared llena de corazones y ya llegó el punto en el que no me caben más. ¿Por qué o para qué quiero el corazón? Para mi pared que no tiene de ESTE estilo en particular. Pero… ¿cabe? La respuesta es NO.

¿Cuánto va a durar?

Una gran pregunta. Si es un pastel, espero que dure poco, de otra manera me lo comeré duro y con hormigas. Pero si es una chamarra de vinipiel, habrá que ver la calidad y el precio, para comparar una prenda con otra. No será lo mismo lo que me dure la de equis tienda que la de la competencia más económica. Hay que ver acabados, grosor de la tela, etc. Si es una pieza de una sola puesta (como una blusa para un disfraz), no importa cuánto dure. Entonces, nos vamos a la siguiente pregunta:

¿Puedo encontrarlo de segunda mano?

Cada vez está siendo más común (y hay que decirlo, “nice” y “trendy”) comprar de segunda mano. Ya dejamos de marearnos en el pedestal y aceptamos que de niñas nos obligaban a utilizar la ropa de la hermanita o la prima y nunca nos pasó nada. Así, que a menos que sean ciertas piezas particulares, casi todo puede ser de segunda mano, con lo que se genera un menor impacto ecológico.

Si no lo encuentras de segunda mano, viene…

¿Puedo comprarlo a un productor local?

Yo la aplico hasta en el departamento de verduras, ¿en el súper o con mi marchanta del mercado? Al consumir local estás apoyando la economía de tus vecinos, de tu país y sí, generando un impacto ecológico, pues… al menos, no hubo mucho desgaste de combustible en el traslado. Eso sí, hay que comparar precios y calidad, pero en serio, en bazares encuentras bellezas que valen muchísimo la pena y a precios increíbles. ¡Dales oportunidad!

Finalmente, yo volvería a una básica:

¿Realmente lo necesito?

O buen… ¿lo voy a usar? Ja. No demos por hecho nada. A veces el deseo de compra es sólo ansiedad y no tiene caso gastarnos lo que no tenemos, ¡hay que aprender a invertir en lo que sí vale la pena!

 



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