Cómo aprender a comunicarme (sin perder el amor)

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Creo que una de las cosas para las que me ha servido ser licenciada en Ciencias de la Comunicación es para darme cuenta que muchas veces no sé cómo comunicarme adecuadamente. Ja.

Y me parece súper irónico, pero, siendo muy honesta, no recuerdo alguna clase en la que nos hayan enseñado CÓMO comunicarnos. Cómo aprender a comunicarnos.

Sí, hay esquemas en donde se muestra que hay un emisor, un receptor, un mensaje y la retroalimentación (sin retroalimentación, sólo es un monólogo, desahogo, pero no comunicación), pero eso es todo. Teníamos una materia que se llamaba Psicología y –no recuerdo bien- creo, Psicología de la comunicación, pero si hubo teoría, la olvidé, y si hubo práctica, pues tampoco ha funcionado del todo.

No, tampoco me imaginen como un orangután tratando de hablar con una cebra por la vida, no; pero con la llegada de la consciencia (y tomar responsabilidad de mi vida, acciones y palabras), me he dado cuenta que a muchos de nosotros se nos complica la comunicación.

En el lugar de trabajo creo que es menos complicado y existen técnicas para aprender a hacerlo mejor; aún así, ¿qué pasa cuando hay emociones de por medio y queremos hablar de ellas? Ni qué decir cuando se trata de relaciones de amistad o de pareja.

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¿Qué quiero decir? ¿Qué siento?

He pensado, analizado y leído al respecto. Entonces, quiero escribir desde mi propia experiencia para no generalizar, pero creo que en muchos puntos, varios compartirán conmigo lo que describo.

No sé nombrar las emociones. Más allá de definir si me encuentro dentro del 10% de la población que sufre alexitimia (incapacidad neuronal para reconocer y, por tanto, nombrar las emociones), creo que la cultura pop y la globalización me han impactado de tal manera que muchas situaciones “me sacan de onda” o “son cosas”. No sé nombrar adecuadamente lo que estoy sintiendo o lo que está sucediendo. Y eso que me dedico a las palabras y llevo años en distintos tipos de terapia.

Hace poco murió un amigo querido y al comentárselo a mi terapeuta me corrigió cuando le dije “que me sentía sacada de onda”. “Te sentías triste”, apuntó. Me cayó el veinte. No, no estaba “sacada de onda”, estaba triste; muy triste.

Estoy aprendiendo que “sentirme rara” es tan general que no expresa el “cuando no me dices las cosas me siento excluida”, que es en realidad lo que yo he querido decir en ciertas ocasiones.

Como estos, hay muchísimos ejemplos de cómo he aprendido a generalizar cada particular emoción.

Pero, ¿de dónde nace eso? ¿Cómo evitarlo?

Me he dado cuenta que mucho es aprendido, otro tanto viene de mi miedo al rechazo y más aún, a que nos tomamos las cosas personales (que en parte se relaciona al punto anterior). Ok, no generalizo: “me tomo las cosas personales y siento que el otro a veces también lo hace”.

Por ejemplo, a los mexicanos (aquí sí me permito generalizar) cuando somos niños, en la escuela o en la casa se nos enseña a decir “gracias” por todo y a disculparnos… también por todo. Así que si nos dan de comer algo que nos parece horrendo debemos sentirnos agradecidos, mientras que por decir la verdad, hay que disculparnos.

Son ejemplos, claro.

Conforme vamos creciendo aprendemos que existe algo que se llama “prudencia” y ahí metemos lo que nosotros creemos que debe de ir. Pero el truco es que esa señora (prudencia) es etiquetada y tratada de distinta forma en cada círculo social, económico, cultural, político y geográfico.

Por otro lado, en cuanto a mis miedos, el decir que NO era algo extraño, casi prohibido en muchos ámbitos. No se me fuera a tachar de grosera. Y cuando lograba decirlo, puede ser que ya estuviera de malas (y se confirmaba la teoría del otro) o el otro lo tomara como rechazo. Y aunque lo fuera, el decir que no era (es) un delicado asunto.

Pero, también decir que sí. “Si digo que sí, entonces pensará tal o cual cosa.” “Si digo que sí quiero ese pastel, creerá que soy una gorda.” Y así, aprendí a canalizar lo que realmente pensaba y quería hacia una más “prudente” yo. Al menos eso creía.

Claro, esto cuando sólo se trata de estar o no de acuerdo, ¿pero qué sucede cuando hay que ponerle palabras a lo que sentimos?

Estar en pareja me ha enseñado muchísimo sobre la manera en que me comunico y en la que me gustaría comunicarme. Qué difícil, la verdad. Porque muchas veces, mi expresión parte desde un lugar de miedo. Miedo a que me dejen. A que vean que estoy llena de defectos y se vayan. Lo peor es que he elegido parejas que (adivinen…) han confirmado mis miedos. Ellos pueden expresar cómo estoy actuando yo (“cuando te enojas eres otra, qué mal”) pero si yo digo algo… ya no sé cómo hacerlo porque… “soy otra y qué mal”. ¿Será que les confirmo sus creencias también yo? Y así, un círculo vicioso de mala comunicación, en donde la falta de reconocimiento de las emociones, los miedos y los vicios parecen ganar una batalla que no es batalla.

Otro asunto importantísimo: ¿es válido que yo sienta? Si siento esto, ¿estoy exagerando? Si acepto que me siento incómoda o que necesito estar en una relación en donde compartamos nuestra cotidianidad, ¿quiero decir que estoy siendo controladora? ¿Estoy siendo una loca? ¿Reprobaré la materia de las relaciones porque siento muchas cosas? Esto lo tienen más difícil los hombres: además de todo lo anterior, les han dicho por generaciones y generaciones que no es bien visto que ellos sientan y lo expresen. Vaya problema.

¿Yo estoy abierta a la comunicación?

El otro componente de la ecuación. No sólo se trata de expresar, también de escuchar y entender… sin tomarlo mal.

Vuelvo a generalizar: no es bonito que el jefe nos reprenda por haber hecho algo mal (si es que le echamos las ganas debidas, claro) o que mamá nos regañe porque no hicimos lo que ella nos dijo que hiciéramos justo como ella esperaba que lo hiciéramos (y nosotros lo intentamos, de verdad). Por lo general a los mexicanos (del centro, al menos) no nos gusta recibir crítica o que nos digan que una actitud nuestra está afectando al otro. “Pues si no te gusta…”, se contesta, con la nariz respingada.

Para que haya comunicación debe de haber un receptor, un mensaje y la retroalimentación. Así que si quiero que haya comunicación, TENGO que escuchar lo que el otro tiene que decir. Si no, es un desahogo. Incluso, con mi terapeuta, hay retroalimentación. Esté o no de acuerdo con lo que el otro dice, hay un feedback y tengo que abrirme a recibirlo. ¡También es difícil!

Pasito a pasito

Estuve leyendo sobre una técnica muy buena para aprender a comunicar nuestras emociones, va así: cuando haya un conflicto piensa en qué sucedió antes de él y hasta llegar a él. Por ejemplo, tienes una discusión con tu hija antes de que se vaya a la escuela. Recuerda a qué hora te levantaste, qué hiciste, si te bañaste, cómo estaba el agua, ¿te arreglaste? ¿Desayunaste? Así hasta el incidente. Entonces piensa en él: ¿por qué crees que sucedió? De manera objetiva, digamos. Después, pasa a la parte de las razones por las que tú te molestaste: ¿te sentiste frustrada porque no entiende la importancia de salir bien abrigada al frío? ¿Te contesta y sientes que debería de ser más respetuosa? Aquí no se trata de RESOLVER el problema sino de aprender a poner en palabras qué es lo que sientes. Muchas veces esas emociones no serán agradables y está bien, ¡es la verdad! No la escondas.

El siguiente paso es ver cómo manejaste la situación o cómo te hubiera gustado manejarla. El ejercicio incluye que observes cómo te sientes, cómo se siente tu cuerpo: ¿aprietas la quijada? ¿Te hormiguea alguna parte? ¿El estómago comienza a arder?

Este interesante ejercicio nos llevará a darnos cuenta de que tampoco sabemos cómo nombrar lo que sentimos físicamente y cómo esas sensaciones sin nombre están relacionadas con alguna emoción.

Lo siguiente es relacionar el evento con otros y sus respectivas emociones. Es decir: si sientes que tu hija no te respeta, ¿es porque te preocupa que hay otras personas que tampoco te respetan? De ser así, ¿por qué te preocupa eso? ¿Te recuerda alguna escena de tu infancia? O, ¿realmente lo que te preocupa es que tu hija se vuelva independiente y ya no te necesite?

Ahora sí, ya se puede comenzar el proceso de solucionarlo. Tal vez llegando al problema raíz encuentras la manera de arreglarlo o si no, puedes tener mayor claridad para pedir consejo o ayuda. Es una práctica muy interesante que nos ayuda a aprender a comunicarnos con los otros pero también con nosotros mismos: aprender qué es eso que hay detrás de la emoción primaria.

Con miedo

A veces creo que el miedo no se va a quitar del todo y eso, la verdad, me da tristeza. Pensar que no seré capaz de comunicarme desde el amor con otro que esté dispuesto a hacerlo. Muchas veces el expresarnos enojados nos “envalentona” pero no es lo saludable, generalmente lo hacemos ya para reclamar o para “probar que estás en un error”. Tampoco lo es callarnos por miedo a que el otro lo “tome a mal” o que nos rechace.

Hay que expresarnos, abrirnos a decir lo que sentimos o nos está molestando (ya sea con un familiar, amigo, con la pareja e incluso los compañeros de trabajo) porque ese sentimiento puede llevar a que la relación se vaya fracturando. Con todo y temor. Y aunque me pone triste y sigue existiendo ese miedo en mí, también he tenido experiencias en donde he podido hacerlo y la relación no sólo no se termina sino que se fortalece y, en muchas ocasiones, de verdad se solucionan y olvidan los problemas (o malos entendidos).

Con todo y mi título muy colgado en la pared aún estoy aprendiendo a comunicarme. Mis miedos me traicionan, mi incapacidad de ser objetiva todo el tiempo y de saber identificar y nombrar lo que me está haciendo ruido (el ruido es otro elemento del proceso de comunicación, es todo eso que distorsiona el mensaje, incluyendo el no entender).

Tengo miedo de que mis numerosas emociones me ganen y que espanten a mi pareja y a mis amigos. Sí, me da miedo que confirmen “que soy muy complicada”, entonces intento entenderme primero y expresarme con gente que sé que no va a salir huyendo por ser “complicada”. Al expresar lo que siento con alguien más, me he sentido entendida y no como “la loca del pueblo”. Cuando alguien me dice: “entiendo perfecto cómo te sientes”, me envalentono, sí, y puedo atreverme a abrir la boca para decirlo con las personas involucradas.

A veces es desahogo, pero otras tantas de verdad busco resolver o exponer, sin negar todo eso que está pasando dentro de mí.

Hablar sin perder el amor

Finalmente, quiero creer que puedo expresarme y escuchar al otro sin sentir que nuestro amor (con mamá, mejor amiga o pareja) es tan frágil que no aguantará una comunicación real (oh, y emociones reales, ¡qué interesante!). Que a veces no me va a gustar lo que me van a decir y que en primera instancia no lo tomaré del todo bien o el otro no lo hará. Pero, ¿dónde dice que debería de ser así?

He leído un artículo muy interesante sobre las razones para sí comunicarnos con nuestra pareja, porque sí vale la pena y es cuestión de dos.

Ahhhh, ahí viene el asunto, ¿qué pasa cuando el otro no está dispuesto?

Ese ya es otro cantar… que habrá que tocar en otro artículo porque por hoy, creo que es suficiente bla, bla, blá.

Para que una relación funcione se necesita mucho más que la comunicación, pero es un buen inicio. Y yo estoy dispuesta a seguir intentándolo.

8 comentarios sobre “Cómo aprender a comunicarme (sin perder el amor)

  1. Interesante post.

    Las palabras son poderosas. El problema es la gran limitación que tenemos en nuestro vocabulario, nuestro idioma tan extenso, se ve limitado a veces a frases de moda, dejando que lo que consideran “aceptado” cubra su realidad. El detalle es que las palabras forman ideas y pensamientos, no hay manera de construirles con tan poco material.

    He atendido pacientes que en cuanto les cuestiono por sus síntomas, me han respondido con alguna frase hecha que les pareció jocosa, tomada de algun programa de tv (“Me protejo, me protejo, me protejo” dicho mientra tronaba sus dedos). Totalmente fuera de contexto.

    Culturalmente, pareciera que a buena parte de los mexicanos nos educan en el decir mucho que no diga nada. Comprometerse poco.

    De manera personal, llevo varios años tratando de mejorar mis habilidades comunicativas, no siempre salen bien las cosas y esto es un continuo aprendizaje. Normalmente suelo ser racional, y me esfuerzo mucho cuando las personas son demasiado emocionales, me fatiga, pero qué se le va a hacer, pienso también lo mucho que han de soportar teniendo mis opiniones de repente tan directas y sin anestesia. El objetivo es no dejar de intentar y aprender un poco desde las distintas ópticas que tiene cada quién.

    Saludos

    1. Súper interesante tu punto de vista, mi querida Zereth. Es cierto: somos distintos y hay que aceptarlo. Lo mejor es estar con los ojos abiertos y verlo, no esperar a que el otro reaccione como nosotros, ¡es tan difícil! A veces se necesitan kilos y kilos de jabón para que resbale. Y yo sigo sin lograrlo del todo…

  2. Te diré lo que pienso.

    Just be yourself… Suena medio tonto, pero eso de decir lo que el otro quiere escuchar para no meterte en problemas no trae nada bueno. Ni tú ni ellos se la creen.

    Ahora bien, si de verdad quieres cambiar para tener mejores relaciones humanas, entonces (como todo gran problema), es más fácil partirlo en pedacitos y solucionar problemas más chiquitos.

    Ya reconociste que la comunicación necesita pulirse, para eso te recomiendo que te unas a un grupo de Toast Internacional. En CDMX hay muchos grupos.Es lo mejor que hay para aprender comunicación práctica, muchos MUCHOS oradores de TED talks aprendieron ahí, y su alumno más ilustre es Obama así que algo hacen bien.

    El otro problema que veo es el control de las emociones, anger management, inteligencia emocional o como quieras llamarle, para eso la meditación y mindfulness te ayudan mucho, más que el yoga y las oraciones.

    Supongo que hay muchos más issues escondidos por ahí pero creo que estos dos son los más importantes.

    Cualquier cosa, no dudes en preguntar.

  3. Al fin pude leerte!!
    Ya sabes que es un tema que me apasiona, y me encanta que estés encontrando consciencia en tu reconocimiento emocional y de comunicación que son grandes aliados y requieren de toda nuestra presencia para poderlos reconocer y usar como lo merecemos.

    Me encantaría decir tanto al respecto, pero prefiero que nos veamos y nos tomemos un café/vino y platiquemos largo y tendido del tema!! Te quiero y aplaudo tu artículo que ayuda mucho a reconocer lo que nos pasa a todos cuando comenzamos a SENTIR y querer COMUNICAR desde el AMOR!

    Besos mil!!

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