Cómo aprender a estar sola/solo

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Hoy me preguntaban que cómo se aprende a hacer eso, “estar solo”… y más que pensar en eso, lo que me vino a la cabeza es… ¿¡para qué queremos estar solos?! Yo no quiero estarlo, supongo que, con muy contadas excepciones, nadie quiere estarlo. No one is an Island, decían en About a boy.

Pero más allá de que la finalidad última del hombre sea o no estar solo, creo que hay muchos aspectos muy valiosos de aprender a estar solo. Y es que no… en realidad, no es: aprender a estar sin gente alrededor, no; es: aprender a estar con uno mismo.

Así que, ¿cómo se hace esto y para qué demonios sirve?

Puedo dar cátedras de las ventajas y desventajas de estar solo, por ejemplo, en un día de compras o un museo, ¡de ambas!, pero realmente, ¿cuál es el chiste de todo este choro?

Creo que tenemos que dividir en dos grupos a los buscadores de soledad.

  1. Los que tienen mucho tiempo de estar solos y -¡ya por favor!- quieren una nueva aventura: conocerse a través del otro.
  2. Los que tienen mucho tiempo sin estar solos (vivir solos, para empezar) y quieren (o deben) aventurarse a conocerse a través de verse a sí mismos.

Para los primeros, he escrito ya varios textos al respecto, pero para los segundos, no.

Estar solo no es algo que se aprenda a hacer, no, es sólo algo que se hace. Lo que se aprende a hacer es: lidiar con el hecho sin caer en depresión, ansiedad o algún vicio (como estar conectado en Twitter todo el día).

¿Para qué sirve estar solo?

Leí este artículo sobre los nueve hábitos para aprender a estar feliz en soledad, creo que vale la pena echarle un vistazo, pero aquí mi propia experiencia y sabiduría. Je.

  • Para escuchar tus demonios. Puaf, desde aprender qué tan neurótico eres con el orden o desordenado, hasta qué nivel de fodonguez te domina para preparar de comer. En lo práctico. En lo espiritual es también para saber en dónde estás parado en la vida: ¿sientes que sin la validación de otros no “eres”? ¿Requieres TODO el tiempo de pertenecer a un grupo (aceptación)? ¿Estás en papel de víctima porque pobre de ti… por no tener ni perro que te ladre?

Casi todos nos hemos sentido solos en algún momento, es una sensación horrible. Recuerdo una vez que necesitaba (sí, NECESITABA) estar con alguien, sentía que mi nivel de ansiedad era altísimo y pensaba que alguien lo iba a resolver. Llamé a tal vez 10 personas y nadie podía verme en ese momento. Lo recuerdo perfecto, aún vivía en Morelia e iba caminando por la Mega de las Américas. Después de esas llamadas, seguí caminando y pensé “¡por qué nadie está cuando lo necesito… pobre y miserable yo!” Entonces me di cuenta de mi actitud; dejé de luchar y me rendí: ¿¡qué parte no estaba entendiendo?! Ese día tenía que estar sola. Dejé de compadecerme, hice alguna compra rica y me fui a mi casa a hacer quién sabe qué, pero no fue el fin del mundo, pero sí fue un parteaguas para mí.

Me ha vuelto a pasar algunas veces más: tener mucha ansiedad y sentir que si no estoy con alguien, me muero. Sólo que ahora no llamo a 10, entiendo con dos o tres, je. Voy avanzando. Pero ahí están los demonios gritando: ¿por qué sientes esa ansiedad si no estás acompañada?, ¿qué no estás queriendo ver, con qué no estás queriendo lidiar?

  • Para conocer tu parte divertida. ¿Qué pasa si un día te das permiso de desayunar en la cama y… ¡no pasa nada!? Y si escuchas música fuerte o ves la serie más boba del planeta o tejes en pantuflas o te pones una mascarilla o te carcajeas a grito pelón con tu mejor amiga en el teléfono… Estar sola te da la oportunidad de hacer algo que te haga sentir incómoda y la única juez eres tú. Sube el punto interior y ver qué tanto demonio de juez hay en ti. Anda, ya estás en esas, no te rajes.
  • Para saber qué te gusta y qué no. Recuerdo la película The Break-up con Aniston. Ella le dice a él: “I want you to want to go to the ballet” y, él, con cara de “qué demonios estás diciendo” le dice: pero si a mí no me gusta el ballet… Ahora no tienes que darle gusto a nadie… ¡solo a ti!
  • Para conocer en qué diablos quieres darte gusto. Volvemos a la parte de conocerte. Y aquí viene algo maravilloso: salirse de la zona de confort. Justo hace un rato una amiga abstemia me contó que se había tomado una copa de vino y que ¡finalmente no le había hecho daño! (dolor de cabeza, aseguraba siempre le daba). Lo maravilloso fue haberse sentido súper relajada. Eso, para ella, es salirse totalmente de su zona de confort y para mí, ¡es genial! Quizá sólo una marca de vino tinto le da dolor de cabeza (a mí me pasa) y asumió que todo el vino le hacía mal; así que lo prohibió. Más que darse chance de salir en dates en Tinder, para mí esta experiencia va mucho más lejos de su área de confort que las citas por app. No sabes si te va a gustar el chocolate caliente con menta (tal vez no te guste) si no lo pruebas… o si tomar un chocolate caliente con menta va a traerte algunas sonrisas y momentos para recordar. ¡Pero si lo intentas, lo puedes averiguar! Y si no te gusta: al menos ya sabes que no te gusta.
  • Para encontrar paz. ¿Sabes lo difícil que puede ser encontrar paz en un mundo de griterío, de pleitos o de evasiones para no enfrentar la vida familiar? Yo recuerdo haber sido como Homero Simpson en algunas discusiones familiares, en donde mi cabeza contaba rosquillas saltando por la cerca. Así. ¿Paz? Qué es eso. Lo único que quería era evadirme o pelear. Estar sola me da la oportunidad de tener paz, de escuchar mis pensamientos (además de los puntos uno y dos) y de llorar todo lo que tenga que llorar. Llorar. Llorar también brinda mucha paz; cuando me he dado cuenta de mis miedos o de lo profundamente agradecida que estoy por algo, es muy probable que llore, y lo hago a mis anchas en mi soledad.
  • Para saldar cuentas. De manera imaginaria. ¿¿Saben qué bien se siente decirle a alguien todo lo que lo quieres o lo aborreces en voz alta?? Bueno, pues puedes hacerlo imaginando que lo tienes enfrente. Escupirle toda la mieeeeerda que hay dentro, reclamarle, ponerte en el víctima, golpear una almohada o pedirle perdón. Tener la terminación o reencuentro de los sueños sin que nadie te interrumpa, ni la persona misma. Y ese desahogo no tiene igual, porque en caso de que te encuentres de verdad con la persona, es altamente probable que no le digas casi nada de lo que tenías planeado, ¡pero ya lo sacaste de alguna forma!
  • Para poner orden. En tu casa, en tu clóset, en tu vida.
  • Para tomar las elecciones adecuadas. Sí, si te sientes totalmente needy de compañía, no vas a tomar las elecciones adecuadas; aunque haya buenas coincidencias, la semilla (dirían los kabalistas), es la equivocada. No quieres estar con esa persona por lo mucho que te aporta, por lo bien que te sientes junto a él o ella, por las risas compartidas o you name it, no, la semilla es: para tener ruido afuera y no escuchar mi ruido adentro. Cuando aprendas a no estar needy de compañía, apreciarás más la compañía de otros porque vendrá de la semilla correcta: el placer de tenerlo/a cerca. Justo hoy pensaba si extrañaba a alguien por ser ese alguien o por la compañía en sí: tener a un bulto al lado. La verdad es que lo extraño por lo que compartimos, por quién soy yo junto a él, por lo que podemos hablar y, aunque a veces quiera ahorcarlo, lo extraño porque es mi amigo. Pero puedo estar sin él, aunque no es el bulto en sí, es la persona en sí.
  • Para saber que la gente NO es indispensable. NADIE lo es. Suena horrible y sé que me odiarán algunos, pero NADIE lo es. Yo he perdido amigas para siempre y amigos por rachas. No me morí. Perdí (“perdí”) a “amores de la vida” y si bien sentí que casi moría, la vida es muy sabia y me los quitó porque no eran para mí.
  • Para ser agradecida. Con lo que sí eres. Con lo que tienes. Con lo que has logrado. Con lo que te has convertido. Pero si no sabes en qué demonios te has convertido, ¿cómo puedes agradecerlo?
  • Para apreciar. Te. Y a ellos. Y a eso. Si estás solo después de mucho tiempo de estar acompañado, en una de esas te encuentras con la verdad de frente: ¡no eras feliz! Hace unos días una amiga me lo compartió; duró años (muuuchos) casada y siempre se preguntó dónde estaba esa felicidad de la que los demás hablaban. Hasta que decidió dejar de ser infeliz (primer paso), lidiar con todo ese dolor que tenía y decidió volver a darse la oportunidad de ser feliz (que ahora lo es). Y si bien hay una persona que colabora en esa felicidad (su nuevo marido), ella no da por hecho nada: sigue trabajando para ser feliz todos los días (un solo por hoy) y está dispuesta a siempre estar de pie, en paz y bien, incluso sin él.
  • Para depurar. Realmente, ¿qué necesitas? Muy, muy poco.

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Creo, al final, que estar sola/o sirve para darte cuenta de que ser feliz o no, está en las manos de uno mismo, no de alguien más. Un hombre o una mujer no te hará feliz; quizá sentirte enamorado, acompañado, comprendido te dé felicidad en momentos, te haga sentir pleno; pero todo eso ya está dentro de ti; no sirve de nada tener a un hombre que te apoye, acompañe o cuide si tú no lo valoras o no lo aprecias… porque todo comienza y termina en ti. Quizá ni lo estás viendo, porque ni siquiera te sientes merecedor de eso.

En el momento en que aprendas a conocer quién eres y todo lo que vales, es cuando te das cuenta de la gente que quieres alrededor. Como me dijo mi amigo Tufick hace unos días: has estado haciendo depuración, ¿eh? Y no fue a propósito, únicamente se ha dado de manera natural: quién me aporta algo que yo quiero en este momento y quién no.

Cuando te conoces, te das cuenta de lo maravillosa/o que eres y entonces no aceptas cualquier compañía, y menos aún para convertirse en un compañero: ni de mesa del comedor de la oficina o de la cama. No tomas el primer galán o galana con tal de no estar sola, de no ir al cine sola o de no tener esos fines de semana que pueden ser pesadilla cuando te sientes como dedo.

Sí, a veces uno quiere compartir un buen café, un museo, un viaje o hasta un partido de futbol, ¡claro que sí! Yo creo que la vida es mejor compartida, con amigos y amores de testigo de que he pasado por este camino. Y si bien, sé estar sola y disfruto de mi silencio y mi propia compañía, sé cómo regalarme la compañía de alguien más y cómo decir que no cuando no la quiero (hay gente tóxica, pero cómo vas a reconocerla si no sabes qué te gusta y qué no).

Si después de leer todo este texto te preguntas, “ajá, pero y cómo”, es que no has entendido nada. ¿Cómo? Pues aprende a lidiar con tus demonios, conoce tus virtudes, habla solo, llora solo, ríe solo, sal de tu zona de confort, sé agradecido, conócete, permítete hacer, elige a la gente por lo que es y no porque es un bulto, depura, aprecia, escúchate, escucha al universo cuando te dice: el ruido de afuera también está adentro y ten paz. Aprende de los errores, ¡perdónate! Así, nomás. Todos los días por el resto de tus días. Estés solo o no.

2 comentarios sobre “Cómo aprender a estar sola/solo

  1. Genial entrada, Luna. Totalmente de acuerdo en que no podemos separar del todo la vida personal con la profesional. En cuanto algo va mal en un aspecto afecta al otro aspecto. Me parece buena idea lo de proponerse objetivos personales. Un saludo.
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