La vida real, con estilo.

Cómo estar bien contigo misma / mismo

Cómo estar bien contigo misma / mismo

Quizá sea muy pretencioso de mi parte comenzar un texto con tal título… como si yo supiera o hubiera sabido alguna vez la receta secreta para la paz y felicidad.

Bueno, de hecho, por ratitos lo he sabido.

No es para nadie desconocida la frase de “todo empieza desde dentro” o qué tal esa de “tienes que comenzar amándote a ti mismo/a”. Sí, ya nos la sabemos.

Pero cuando estamos en la búsqueda de la felicidad, es poco probable que empecemos por nuestro interior, generalmente volteamos los ojitos a ver qué hay allá afuera.

Y es que esta búsqueda empieza desde muy pequeñitos: buscando el amor de papá y mamá, después de las maestras, después de las amigas, el galán de la secun, y así… hasta llegar al jefe que nos dé el puestazo, el marido que nos dé el amor (y la boda de los sueños) y esos demonios angelitos a los que finalmente podamos decirles: “lo digo yo porque soy tu maaadre”.

La cosa es que, la verdad, ahí no está el truco. Ni ese perro, esos zapatos, ese departamento o estas personas van a darnos algo que es muy nuestro… que somos nosotros en sí.

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@crislata

Con el pie derecho

Yo siempre le digo a mis amigas mamás: si tú estás bien, es más probable que tus hijos estén bien. No, no es choro. No les quiero vender la idea de nada, simplemente que es lógica pura: padres sanos, hijos sanos. — ish.

La cosa, pues, es que a veces ni sabemos quién somos, qué queremos, hacia dónde queremos ir ni, la verdad… ¡ni dónde estamos parados!

Si estás leyendo esto y tienes una respuesta inmediata, es muy probable que involucre algo laboral. No, por ahí no va la cosa.

¿A qué me refiero con empezar con el pie derecho? A comenzar un recorrido bien, en la dirección correcta. ¿Hacia dónde es eso? Hacia dentro de nosotros. Nuestro interior.

Si ya has pasado por esta pregunta, si estás en una búsqueda que no sabes de qué o para qué o simplemente sientes que te hace falta algo, es probable que estés en la puerta hacia ese camino al que me refiero. Por muy trillado o loco que parezca, sí, hay que darnos tiempo para escucharnos, cuidarnos, apapacharnos, entendernos y sanar. Uf, sanar. ¡Conocernos!

Es que no tenemos ni idea de quiénes somos y por qué reaccionamos como reaccionamos. Muchas veces somos mucho más comprensivos y compasivos con los demás (¿qué tal eres con tu mejor amiga, eh?).

Ahora nos toca vernos a nosotros mismos.

A intentar conectar-nos

Hay muchas opciones para hacerlo, pero antes de comenzar a explorar eso, sugiero algunos ejercicios que van a ponernos en el lugar adecuado para comenzar el camino.

Intenta alguno (o todos) de los siguientes:

  1. Sal a caminar sin razón, con unos zapatos cómodos, por favor. De preferencia, en un área verde. Mira a tu alrededor y ve cómo te sientes mientras caminas. No lleves música y si te cachas pensando en los pendientes de la oficina o casa, trata de cambiar de pensamiento hacia el árbol que tienes en frente: ¿qué tiene de particular? ¿Te recuerda un momento pasado? Camina sin prisas y disfruta el paisaje. Este momento es para ti. Ahora, de regreso a casa sé honesto/a: ¿cómo te sentiste? ¿Fue una pérdida de tiempo? ¿Sientes que tú no te mereces darte un espacio para ti? ¿Fue aburrido? ¿No sabes cómo estar contigo mismo? Inténtalo por una semana (¡de verdad, inténtalo!) Y mira si cambia algo. ¿Puedes por fin disfrutarlo?
  1. Vuelve a ser niño/niña. Recuerda qué te gustaba cuando eras chavito: ¿alguna película en especial? ¿Algún juego de mesa? ¿Un juguete predilecto? ¿Qué tal los nombres de los amigos entrañables? Trae a la mente algo de ti que te encantaba de esa época. Puede ser tu facilidad para imaginar o construir algo, tu sonrisa fácil; la poca pena que te daba hacer tal o cual cosa o hasta tu piel suavecita. Recuérdelo vívidamente y no dejes que se te vaya. Esa persona sigues siendo tú. ¿Has cambiado? ¿Te has perdido? ¿Te has vuelto una versión más completa? Si no te gustabas, está bien. Haz las paces con ello. Si te encantabas y ya no. Está bien, haz las paces con ello.
  1. Mírate en el espejo. No para peinarte ni para maquillarte. Sólo mírate. Obsérvate y NO TE CRITIQUES. En este momento, déjate sorprender. ¿Hay cambios en tu rostro? ¿Tu pelo cómo luce? ¿Puedes hacer algo para mejorar tu apariencia? ¿Puedes procurarte y cuidarte más? No te reprendas, no te regañes. No te critiques. Sólo mírate y reconoce qué puedes hacer para sentirte mejor con esa imagen. Puede ser cambiar de jabón para el rostro, poner más crema… ¡enchinarte las pestañas! ¿Qué tal hacer algo con esas cejas revueltas? Lavarte el cabello más seguido. Ahora: haz las paces con la imagen. Ok: puedo hacer algo para sentirme mejor con lo que veo, pero estoy en paz con lo que veo. Ahora, sonríete. Di tu nombre en voz alta, ¡aunque suene ridículo! VETE. Preséntate. Nómbrate como te gusta que te nombren. Sonríete. Mira tus ojos de niña o de niño. Mira tu nariz de hombre o mujer. Mira esos dientes que te permiten alimentarte. ¡Qué raro se siente nombrarte a ti mismo frente al espejo! Pero, como en película ochentera de adolescentes, reconoce qué bien te ves. Cada vez que te peines o laves los dientes: obsérvate. Sonríete.
  1. Conecta con una emoción, la que sea: el enojo porque esa persona se te metió en el tránsito. La tristeza que te da ver ese anuncio porque te recuerda a tu abuela. La alegría de sentirte recibida por tu cachorra. El orgullo por haber logrado algo. Siente esa emoción (sí, el enojo también). Permítete sentirla sin apagarla, sin engañarla. Claro, sin estrangular a nadie. No te reprimas, déjala que salga. ¿Cómo se siente no auto censurarte? Reconoce que tienes esas emociones, míralas. Si se tienen que ir, que se vayan. Una vez al día o cada tercer día. O cada semana. Hazlo consciente, ese es el punto. Reconoce que tienes emociones y está bien tenerlas.
  1. Date un gusto sin culpa. Un helado, un partido de futbol en pijama con chela, un “hoy como en la cama, aunque queden moronas”… Trata que sea una experiencia, más que un objeto. Regálate eso, a ti, con mucho cariño. ¿Una vez a la semana te parece mucho?
  1. No tiene que ser difícil, ya escribí aquí varias formas de hacerlo. Quizá no puedas salir al parque, pero puedes hacer una meditación en tu casa.
  1. Haz una lista de cinco cosas que de verdad te gustan AHORA. No importa que “siempre hayas querido aprender a bailar salsa”… ¿ahora quieres eso? ¿Odiabas el hígado encebollado pero ahora te fascina? Sé honesta, no importa que a tu marido le choqué que camines sobre las hojas secas de otoño, ¡a ti te gusta ahora! ¿Será que sigues siendo la misma de hace un año? Date la oportunidad de conocerte HOY.

Después de leer esto, ¿qué sientes? Aaah… ya sé. Calma a tu tren de pensamiento. Ya sé que estás pensando “pero si yo no tengo tiempo de estas cosas”. Ajá, ¡sé que lo estás pensando! ¿Te digo algo? Sí lo tienes.

En la noche, no cheques Facebook o Instagram. Las historias de Snapchat serán tentadoras pero ahora lo que se planea que llegues a sentir es que tú eres la historia más tentadora por descubrir. Más que ninguna otra. Y, te tengo noticias, eso requiere de tiempo, dedicación y compromiso.

No, no siempre se logra. A veces perdemos el caminito, pero podemos regresar a vernos, a buscarnos en nuestro interior. No hay que desesperarnos, regañarnos o darnos por vencidos. Una a una, cada acción cuenta. La mejor forma de estar con el mundo entero es estar con nuestro mundo individual… ¿Y cuál será ese si ni siquiera nos hemos descubierto?

Solos nacimos y solos a morir. ¡Qué mejor que pasarla bien con esa persona que siempre estará en el camino! (Nada mejor que terminar con otro cliché, totalmente cierto.)



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