Cómo estar en pareja y no matarte en el intento

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Bien, ya has encontrado al muchachón en cuestión, después de la penosa lata de deitear a estas alturas de tu vida. ¿Qué sigue? ¿Es posible sobrevivir y lograr tener una relación decente?

Soltera, divorciada, viuda… llegaste a este punto de tu vida en el que ya no sabes en qué momento hay que volver a subirse al caballo. Habrá algunas que después de una semana estén listas (¡valientes!) y otras que deban dejar pasar años para, poco a poco, irse acercando, con zanahoria en mano (para que no se ponga bravo).

Dejaste atrás la época del deiteo (¡a dios gracias!) y ahora estás dispuesta a ponerte tu traje de valiente y entrarle con todo a la relación.

El caballero de ojos soñadores (aunque esté bizco, tú lo ves con mirada angelical) también está dispuesto a entrarle (punto muy importante, por cierto) y ahora sí juras que te lo llevarás con calma. Y con calma me refiero a no enamorarte en la semana uno. Quieres hacer lo que a tus treinta o cuarenta-y-lo-que-sea dicta la regla de etiqueta del amor: conocerlo y dejarte conocer.

La soltera cotizada

Si llevas mucho tiempo soltera, es muy probable que te sientas muy perdida: ¿cómo decían que se hacía esto?

estar en pareja

Lo más triste es que no es broma.

Después de algunas fallidas relaciones y tener tiempo para ti, por fin has logrado tener paz. ¿Estás dispuesta a perder ese estado zen por la sacudida de verte reflejada en otro? Una amiga mía dice “si quieres terapia intensiva, métete en una relación de pareja” y, a mi parecer, tiene la boca llena de razón.

En especial, los primeros meses pueden ser una locura. Tus miedos aparecen cuando menos los invitas (¿no que muy quemados, despedidos y enterrados en la maceta durante la Noche de Año Nuevo?). Por ahí aparece el fantasma del señor que se fue sin dar explicación o la piedra en el zapato de quién paga qué cuando tú ya estás harta de ser la exitosa en la pareja. O, ¿cómo es eso de los sleeping over? ¿Hasta qué momento lo presentas como tu novio? ¿Está bien besuqueártelo en la calle?

Pero quieres que fluya. Que fluya.

Es más, te asombras si fluye.

El otro día comentaba con una amiga, “hasta raro siento… que no haya nada malo”. La última parte la terminamos al unísono. Porque ah, qué raro es eso de que fluya. Si ya te ha pasado que desde el día cinco (no te hagas, ¡te ha pasado!) sientes de manera muuuuy sutil que hay algo que se atora o que hay que forzar (o empujar), you are in trouble. Así que si fluye… ni te la crees.

Pero ahí estás, apechugando y poniendo aceite al caminito para que corra más bonito. “Es que estamos bien mal, desde el principio lo sabemos pero ahí seguimos”, me dijo la misma amiga. Tal cual. Aunque ahora, con todo y las malas experiencias del pasado, le apuestas y sigues. ¿Miedo? Por supuesto.

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Y entonces llegan las expectativas

Es cuando un pilar importantísimo hace su primera aparición: la comunicación. Suena a “de secun”, pero sí hay que aclarar ciertas cosas con señor ojitos pispiretos: qué quieren (tú y él). Encontré un artículo genial que habla de cómo estar en una relación después de estar mucho tiempo sola. Se te olvida cómo funcionan ciertas cosas que a las personas acostumbradas a estar en relaciones largas, les es muy natural.

Por ejemplo, cuando se están conociendo es imposible adivinar al otro en cosas tan sencillas como el volumen de la música o cuántos cafés toma en la mañana. No des por hecho que él sabe que las botellas de cristal te gustan lavadas con pinol y tiradas en el bote de la basura del estudio porque ahí no hay alimentos que puedan generar mosquitos de la fruta. Esos detalles pueden ser tontísimos y a la vez terminar en batallas campales.

Yo acabo de descubrir que tengo que compartir el hecho de que si me da insomnio me convierto en pantera. Primero porque –no miento- no dormir es agotador. Pero, ¿qué tal las historias que puedes contarte en estas horas –eternas horas de click-clack—respecto a lo terrible que es cualquier asunto que esté sucediendo en tu vida? Una noche de insomnio estaba lloviendo horrible y yo por horas (o minutos) vi cómo la mancha de humedad del techo se iba haciendo más grande y grande. De repente, imaginé cómo se abría un hoyo y por ahí todas mis pertenencias se perdían como en los tiempos de Moisés y yo sin arca. Suena a cotorreo, pero no tienen idea de cómo lo sufrí. Por supuesto, al día siguiente ni había humedad ni agujero ni nada. La impermeabilizada me corroboró que todo estaba bien y que yo… me vuelvo loca con insomnio.

El punto es que no hay cosas pequeñas que comunicar y menos en cuanto las expectativas. ¿Necesitas que tu pareja te llame todas las mañanas y si no lo hace te sientes miserable? ¿Cada cuándo quieres que se queden en tu casa y cuántas en la de él? Si alguno tiene hijo (pon que él), ¿esperas que te hable del crío o prefieres que esa sea información confidencial?

Las expectativas van más allá de si queremos casarte y tener hijitos, es también un asunto cotidiano. Punto.

Time out!

Cuando estás comenzando una relación después de mucho tiempo soltera puede ser que te sientas extraña de compartir mucho tiempo con él. Hay otras personas allá afuera con las que hay que “lidiar”. ¿Qué haces con tus amigas? ¿Cómo le dices a tus pretendientes que ya estás fuera del mercado? ¿Está bien dejar una noche a la semana para salir con las chicas o para que él vaya al dominó?

Todos esos aspectos son importantes. Hay veces que quieres platicarle a alguien cómo te sientes con él, ¡porque no se vale inundarlo con información! Para eso están las cómplices.

Tiempo con los hijos, con los papás, con las amigas, con los cuates, en algún curso cada quien por su lado, no sólo les dará momentos para compartir después juntos, sino que los hará crecer y seguir siendo individuos. Un respiro para ti si estás acostumbrada a tu soledad.

Él es él, punto

Si no eres soltera cotizada sino monógama serial, es probable que compares. FAIL. Sí, sí, ya sabemos que es inevitable, pero ¿si aquél era tan bueno, por qué no estás allá?

Para que ESTA relación crezca, deja de comparar. Y para eso tienes que dejar que te muestre quién es. Ah, también que él te conozca a ti (y pídele que se quite los goggles de las expectativas de lo que “pareces ser”). Esto tiene que ver con dejar de colgarle milagritos que no ha hecho: desde esperar a que haga o deje de hacer algo, hasta que tú dictes cómo tiene que reaccionar ante algo que le moleste (o alegre).

A mí me dijeron: “¿cómo prefieres saber las cosas: de golpe o poco a poco?”. Me costó un poco entender a qué se refería: a que si prefería darme cuenta en tres meses que odia la leche deslactosada que le doy (pero que él, por quedar bien se toma). La verdad de golpe puede ser que le quite el romance a la fantástica etapa de Luna de miel, pero yo creo que a veces es mejor (y ahí voy y todo lo suelto muy pronto… mmm… ahora entiendo). Porque te evitas la desilusión “tardía” (“Yo pensé que tú eras ______”. “Yo pensé que realmente disfrutabas _____”).

Yo, luego yo y al último yo

Ay, la auto importancia. Creemos que todo se trata sobre nosotros. Aún más cuando, efectivamente: hemos sido yo, luego yo y al último yo durante tanto tiempo solas. Si es tu caso, entonces ya no sabes cómo reaccionar. Soy la primera en levantar la mano en cuanto a tomarse las cosas personales. Deveras que me cuesta no hacerlo.

El punto es que de alguna manera u otra, lo hacemos todos. Ya sea que estemos acostumbrados a algo y queramos que siga así (no ceder) o de plano sentirnos por algo que dicen. Pero también está la manera en que amamos y nos gusta que nos amen. El famoso “lenguaje del amor”. ¿Cómo te está demostrando esa persona que le importas y tú, por esperar el ramo de rosas rojas el 14 de febrero, no ves esos mensajes. ¿Qué tanto estás dispuesta a dejarte amar como el otro sabe o puede?

Difícil, ¿eh?

Qué fácil era estar soltera, seguro pensarás. Ajá… peeero…

Nada es obligación

Si algo he aprendido en la vida es que no hay que dar por hecho nada. Yo no quiero dejar de ver, agradecer y reconocer lo que mi pareja hace por mí. Por ejemplo, cuando se levanta temprano para llevarme a un compromiso, es algo que valoro muchísimo y no estoy segura si se lo hago sentir así. Quizá para él sea de lo más normal pero para mí, es un detalle increíble (y más si tomamos en cuenta que puede odiar despertarse temprano si no tiene que ir a algún lado).

De nuevo: ver cómo nos ama el otro y cómo amamos nosotros. Y que el otro también lo sepa (no está de más). Comunicación, agradecer, no esperar y dejarnos amar.

A chambearle

La vida de soltera sí es fabulosa (¡por favor, reconócelo!) y si has decidido estar en pareja tienes que estar consciente de que tendrás que poner de tu parte. ¿Tu novio deja la toalla húmeda hecha bola sobre la cama y tú lo ODIAS? ¿La cantaleta del asiento del baño arriba es un issue? Hay que ceder y conciliar. Ahhhh, cómo cuesta dar el brazo a torcer.

Recuerda: las relaciones son terapia. Y hay que aprovechar. Yo me doy cuenta de distintas cositas y veo “mi espacio de oportunidad” para crecer. Tanto tiempo sola hace que mis conciliaciones hayan sido conmigo misma y en mi cabeza (cosa no sencilla, hay que recalcar). Estar con alguien más requiere de paciencia y compromiso. De trabajo y de esfuerzo. De aceptar y ceder. De hablar y escuchar. De pedir perdón y perdonar.

Quizá después de todo eso te des cuenta de que puede ser que sobrevivas los primeros meses de adaptación, que el amor crezca y, en una de esas, te sigas sintiendo muy feliz.

Y ya no querrás salir corriendo.

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