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Compartir o no compartir: he ahí el dilema

Compartir o no compartir: he ahí el dilema

Lo confieso: estoy bien ciscada.

Después de fracasos amorosos, de acosos que, ¿para qué mentir?, me dieron miedo, y de una relación en donde “me prohibieron” compartir imágenes en redes sociales (y ni les cuento qué pasó al final…) dejé de compartir muchas cosas sobre mi vida.

Claro, hay que apuntar la madurez y que el FB, IG o Twitter han dejado de ser novedad para convertirse en algo cotidiano. Ha evolucionado también… ¿se fijan cómo Instagram cada vez tiene más anuncios? Al menos yo encuentro cada vez menos imágenes inspiradoras y más “chafadas”.

Además, hay que decirlo, que a todos nos ha pasado que hemos seguido la relación de seis meses de un amigo y luego vemos que cambia de pareja y… ¡queremos el chisme completo!

No mencionaré los casos de envidia y algunos otros que presumen lo que no tienen, porque, la verdad, esos cada vez son más escasos entre mis seguidos.

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Hace poco me di cuenta de que ya casi no comparto nada en mi FB. De mi vida amorosa ni hablemos, pero de mis salidas, cosas interesantes que veo, lugares que visito… me di cuenta que mis posteos son de ligas y demás, pero pocas fotos en comparación de antes.

Y pues la razón ya la di… pero, ¿me gusta estar así?

¿Me gusta estar cuidándome de si comparto o no algo? ¿Me gusta sentir paranoia o ya no tener ganas de ser una usuaria activa?

Y qué feo ya no compartir momentos felices por: a) no se vaya a enojar el fulano. b) no vayan a decir que cambio a cada rato de pareja. c) no vaya a ser que con este señor no dure y yo cambio y cambio de relación (que comprobaría el punto anterior). d) no vayan a andar de envidiosos y se me sale mi buena suerte. e) no vayan a querer un favor. f) no vayan a pensar que soy millonaria.  g) no vayan a creer que mi vida es tan vacía que solo tengo social media life

¿Les pasa a ustedes?

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Yo a veces quisiera no sentirme así. Tener la libertad de compartir cuando estoy infinitamente feliz, de cuando comparto momentos con mi nueva o antigua pareja, con mis familiares (sin miedo a la huella digital que estoy dejándoles a los sobrinos). Tengo ganas de compartir con libertad, como yo veo que la gente hace.

Pero no sé hasta dónde es la línea exacta entre “público” y “privado”.

Hoy solo escribo para desahogarme y aunque me he “obligado” a postear un poco más, me descubrí. Porque me he sentido un poco bajoneada al darme cuenta de que sí ha quedado huella de todo eso feo que me pasó. Y quizá, al compartirlo aquí, es un primer paso para sanarlo.

 



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