Consejos sobre maternidad… ¿A quién le hago caso?

 

Teorías, más teorías, consejos, experiencias y críticas que te hacen una maraña en la cabeza 

Por Lorena Reyes

Hoy en día el ámbito de la maternidad es súper extenso. Existen una inmensa gama de teorías acerca del parto, amamantar, dejar el pañal, alimentación, educación; que te hacen sentir que jamás entenderás cómo hacerlo bien y si el método que elegiste (hasta con cierto miedo) es el correcto y si no estarás haciendo una burrada.

Recuerdo hace algunos años cuando mis primas empezaron a tener a sus bebés, que el asunto de ser madre no era tan complejo, había que alimentar, arrullar y cambiar al bebé para que todo funcionara.

Ahora ¡Dios mío! ¿Para dónde volteo? Desde antes de que naciera José Arturo ya me estaban preguntando si quería parto natural, en agua, en cuclillas, sin anestesia, cesárea, y yo, mujer primeriza y realmente todo el tiempo dedicada a mi carrera, no tenía ni idea de lo me estaban diciendo, y como dicen, uno propone y el universo dispone, a pesar de que durante el embarazo decidí que sería parto natural José Arturo nació por cesárea, y se decidió ya en el quirófano. Así que muchas veces los planes, los cursos y demás valen para nada cuando las cosas están destinadas a ser de otra manera.

Otro tema controversial es amamantar. Hay mujeres que sienten una conexión maravillosa con el bebé y amamantan hasta los 3 años incluso, que no soportan la idea de que la producción de su leche baje y hacen todo lo posible por lograrlo. Yo no. Amigas de la Liga de la leche, ódienme. La realidad es que hubo un episodio que me impidió amamantar pero tengo que confesar que sentí alivio. Y sí, fui muy criticada y hasta la fecha me hacen esa pregunta con ojo inquisidor: ¡Cómo! ¿No amamantaste?

Híjole, ya mejor ni hablemos de la alimentación. Antes a todos nos daban lo mismo, mi mamá nos sentaba a las tres y hasta que acabáramos el platillo entonces nos podíamos levantar. Nada de: Por favor, a mí sin gluten, sin lácteos, orgánico o endulzado con estevia. Comíamos dulces cuando queríamos y yo ¡me comía la envoltura del Miguelito porque ya no le salía más! Y heme aquí, sana, sin alergias y sin conocer siquiera la miel de agave. Ahora te crucifican si no eres experta leyendo las etiquetas de los alimentos o si no tienes ni idea de qué es el glutamato monosódico. Si les cuento que mi hijo es fan de los Totis, me voltean a ver como si fuera no solo una mala madre sino una mala persona.

relationship portrait of a young adult mother as she holds and kisses her newborn baby

Y así es en todo: Que si hace un berrinche, su bisabuela me dice: ¡Dale una nalgada con la mano mojada!, mi mamá no me deja ni darle un simple manazo, y me dice que jamás le pegue cuando ella me metía unos pellizcos y unas nalgadas bien puestas. Que si no quiere comer, por un lado me dicen: ¡Déjalo así hasta la noche y verás que si come! y por otro lado me dicen que le haga unos licuados ultra energéticos y lo llene de vitaminas.

Si lo metí a la escuela muy pequeño que mala, si no lo llevo a clases de natación, robótica, yoga o futbol, qué floja, que si come carne roja lo estoy llenando de toxinas…¡Uf! La verdad es que a veces me parece muy divertido ver cómo todas tratamos de encajar en la mejor teoría, sintiéndonos incorrectas y a veces hasta con temor de lo que hacemos o damos a los niños, pero como ya les he dicho, creo que no hay verdad absoluta.

Yo veo a mi hijo feliz, por supuesto que tengo errores y mañas y le cuesta mucho trabajo comer y aún más comer saludable, y creo que ese es mi tema recurrente. Sufro (y envidio) cuando mis amigas me cuentan que sus hijos comen brócoli o calabazas, cuando mi hijo apenas si se come los chícharos del arroz. Ya estoy poniendo cartas en el asunto pero…¿será lo correcto?

También creo que hay muchas teorías bien fundamentadas y hay otras que son mera moda. Sí, todo es en afán de que los niños crezcan sanos pero tampoco creo que sea lo ideal tenerlos en una burbuja aislada de los colorantes artificiales, de unas papitas o un poco de agua de sabor, pero cada mamá decide. Sí; cada mamá conforme a las necesidades de sus niños.

Quiero dejar de sentirme en un partido de tenis viendo cómo mis decisiones pasan de una cancha a otra y nunca ser consistente.

¿Por qué no estar más seguras de nuestras decisiones? Sí, seguramente alguna vez cometeremos un error y créanme… nos lo harán saber.

 

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