De conexiones eléctricas y humanas: conectar conmigo misma

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Hace unos días mi casa comenzó a oler raro; un aroma de vela impregnaba la sala y la nariz. Vela encendida, con un aroma peculiar. Buscamos por todos lados y no logramos descifrar de dónde venía el olor y el humo. Me quedé inquieta. Al día siguiente llamé a un electricista y vino a revisar la instalación eléctrica de mi departamento. Todo en orden, “viejo pero en orden”.

El misterio sigue sin resolverse, pero, al final, la conclusión era que llegaba de algún departamento cercano.

Hoy volvió a oler raro, pero en esta ocasión sí era plástico quemado lo que me llegaba. Observé y era mi lavadora. “Quizá sea normal porque esa extensión no se ha utilizado en mucho tiempo”, pensé. Pero persistía el olor y seguí mi instinto: apagué la lavadora y desconecté los enchufes. Efectivamente: todo caliente y hasta la extensión “nueva” estaba deformada de lo que se estaba quemando. Seguí mi instinto y desconecté.

¿Será que a veces me desconecto de mí misma?

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He pensado las miles de maneras en que me desconecto, todas de manera inconsciente.

¿Cómo me conecto?

Lo primero que tengo que decir es que no tengo claro qué tan conectada estoy conmigo misma. Sé que lo estoy mucho más que antes. De hecho, puedo decir que para recordar que “yo existía no sólo en la mente”, me hice un tatuaje como marca de mí para mí.

Puedo decir que era yo y mis pensamientos: casi todo sucedía en mi cabeza nada más. Muy intelectual, muy cerebral… con todo lo que eso implica: demasiadas vueltas, opciones, probabilidades, escenarios y hasta tonterías imaginarias. Oh, cómo me ha costado estar en el aquí y el ahora.

Todo lo quería pasar por mi cabeza y eso de dejar fluir era un concepto incomprensible, hasta que vi una película casi casi casera en Youtube: The Shift. Era una madrugada de insomnio en la que no estaba bien. No recuerdo ni por qué, pero comencé a verla y algo me hizo clic. Lo entendí.

Han pasado varios años de eso pero aún sigo en el proceso de conectar conmigo misma.

Pero, ¿cómo he logrado hacer eso? Lo más básico ha sido ser honesta. Incluso reconocer esos pensamientos secretísimos que a nadie le digo, reconocerlos para mí misma y hacerlos parte de quien soy. ¿De qué me sirve negarlos si ahí están?

Después de ese pacto de netear viene el paso de reconocer qué siento. Como decía en el post de la comunicación, ponerle nombre a mis emociones.

El siguiente paso es respetarme y mantenerme congruente con eso que yo soy y quiero.

Y aquí vienen las desconexiones. A veces me voy a mi cabeza y comienzo, de nuevo, a analizar. Haciendo yoga, escribiendo, tejiendo y en mi sesión de terapia: me voy a la cabeza.

Otras tantas me traiciono porque no quiero caer en el mismo patrón. También, en honor a la verdad, es porque muchas veces hago preguntas desde otra postura, desde otro lugar y honestamente: no sé qué contestar. No tengo las respuestas, no sé cómo hacer muchísimas cosas y necesito tiempo y guía para llegar a ellas.

La clave, creo, está en el punto uno: la honestidad. Pero ya acepto que la verdad no tiene que llegar con las prisas, a veces hay que seguir el instinto y no dejar que se queme la conexión por forzarlo; quizá sea mejor apagarlo por un momento para que se enfríe y ya que lo haga, cambiar de switch y terminar el proceso. Con la conexión fresca y sin olor a quemado. Y sí, en ocasiones puede tomar unos segundos volver a verme a los ojos para reconectarme, en otras, puede ser mucho más.

Pero la verdad es que he aprendido a ya no exigirme tanto porque es agotador. No tengo prisas, pero tampoco pierdo el tiempo.

Perder el contacto con mi real yo no es nuevo. Espero cada vez hacerlo menos. La clave está en conocerme constantemente, aprender que no soy la misma de ayer pero que hay mucha de ella en mí aún: ¿qué quiere, qué siente, qué necesita, qué la hace reír y llorar? Para conectar conmigo tengo que darme el tiempo de conocerme. Para volver a conectar conmigo tengo que darme cuenta de que rompí ese punto. Es un paso a paso, día a día. Como en todo, como a todas nos pasa.

Mañana vendrá el electricista a revisar esa extensión quemada, pero me dice que hice lo correcto: seguir mi instinto y reconocer que por ahí ya no. Tal cual sucede en el mismo camino de vida.

2 comentarios sobre “De conexiones eléctricas y humanas: conectar conmigo misma

  1. ¡Me encantó! Porque es complicado vivir en el ahora, “sin prisa y sin pausa”, como decía San Josemaría y como bien lo dices en este post :) Recién vi “Hasta el último hombre” y creo que te encantará porque habla mucho sobre mantenerse fiel a uno mismo sin importar las consecuencias externas (las internas son más graves, para bien o para mal).Mi escena favorita justo es cuando dice “¿qué quieres de mí? ¡No te oigo!” (refiriéndose a Dios). Siguiente escena… ¡la tienes que ver!
    Love you!

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