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¿De verdad se puede querer a los hijos por igual?

¿De verdad se puede querer a los hijos por igual?

 Por: Lorena Reyes

A mí ya no me engañan. Mi mamá me quiso vender la idea por años diciéndome que nos quería a las tres (mis hermanas y yo) por igual. Mucho tiempo lo creí o más bien quise creerlo pero ahora estoy segura de que no es así.

Y no lo digo en plan de reproche sino porque es imposible amar o querer a dos personas que son completamente distintas de igual manera. Puede ser que en cantidad así sea (en caso de que se pudiera medir el amor en litros o cucharadas) pero jamás en forma. Lo veo en mi madre, en mi suegra, en mis amigas con más de un hijo. Yo misma amo a mis hermanos y a mis amigos de forma diferente y vamos, es natural, no tiene nada de malo.

querer a los hijos por igual homeCreo que en todas las relaciones se mezclan muchos factores que van construyendo, formando y nutriendo día a día ese vínculo, y son el carácter, la química, el rol, el momento que uno vive.

Mi madre por ejemplo, siempre fue muy justa, equitativa, pareja por decirlo así. Si compraba algo, lo compraba para las tres, si aplicaba una regla para una era aplicable para las tres, pero yo siempre sospeché que quería más a mi hermana de en medio. Pero pregúntale y te dirá que eso no es cierto: Que me quiere a mí por grande, a la otra por mediana y a la otra por chiquita. Con esas palabras.

Y seguramente así es. No creo que prefiera a una sobre la otra o si tuviera que salvarnos a las tres, eligiera sólo a una. Es que cada una le hace sentir diferentes cosas y le da a su vida un complemento único. Conmigo aprendió a ser mamá y con el resto de ellas seguramente disfrutó más serlo porque ya se sabía el camino. Ella es quien más nos conoce, sabe de lo que cada una es capaz, conoce nuestros miedos y límites, aunque no se los contemos. Ella simplemente lo sabe.

Las mamás tienen ese talento: descubrir lo que cada hijo posee y también lo que le falta y de esta forma reforzar lo que ya tiene y desarrollar lo que carece o simplemente dejarlo ser. Así, puede ser que un hijo sea introvertido, callado, poco sociable pero un buenazo en el estudio o en los deportes. Y seguramente hará sentir orgullosa a su mamá por esa cualidad. Y el otro hijo es lo contrario: extrovertido, alegre, vivaz, aventado y es quien brinda la alegría a la casa. Entonces cada uno tiene una característica especial que hace que Mamá y Papá lo amen y lo reconozcan. Pero reitero, no es igual. Y esa diferencia entre amores y caracteres es lo que hace increíble a una familia.

No puedo contar mi experiencia como madre porque únicamente tengo un hijo y él llena mi corazón de cualquier emoción que sea capaz de sentir. Pero amo a mis hermanos de una manera tan diferente que podría parecer que quiero más a uno que a otro, y de verdad no lo es. A una la amo porque tenemos almas parecidas, ella me calma, me escucha y pasamos mucho tiempo juntas, no puedo imaginar mi vida sin ella. La otra me llena de orgullo, de inspiración, es quien dice las cosas directas, sin filtro, la que logra todo. Y al más pequeño, lo amo porque a pesar de que llegó a mi vida de una manera dolorosa y no es sencillo aceptar que de pronto tienes un medio hermano, me enseñó que no todo en la vida está escrito y que hay que perdonar y dejar fluir.

Supongo que es así con los hijos, que a pesar de que todos compartieron tu vientre y se criaron en la misma casa, son completamente distintos y tienes claro lo que cada uno es y lo que aporta a tu vida. También como hijos, sentimos así por los padres. Los quieres en igual cantidad pero no de la misma manera. Y repito, es cuestión de personalidad, de percepción de la vida, de creencias, de convivencia, de amor, de vivencias, incluso hasta del momento en que nacimos.

Lo maravilloso de la vida es poder llenarse de tantas emociones a través de diferentes personas. Sea cual sea tu rol en las relaciones (amiga, madre, esposa, hija, hermana, jefa) seguramente tendrás la oportunidad de amar y descubrir cosas en ti que no imaginabas. No pensemos en la cantidad de amor que damos o creemos recibir, sino en la intensidad de ese amor de que somos capaces.

Darme cuenta de esto me costó mucho trabajo personal, mucho dolor, he atravesado muchos momentos de envidia, de querer que me quieran más, de competir en una lucha de sombras conmigo misma, pero con el tiempo y siendo mamá he entendido lo que mi madre dice: es imposible querer poco a un hijo. Ese amor es inconmensurable e infinito.



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