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Lo terapéutico del caos

Lo terapéutico del caos

Por Laura Sainz

 

Este año ha comenzado como si no hubiera sucedido, como si el tiempo en realidad no existiera, tan rápido y a la vez tan lento; me siento inmersa en las desiciones de algo más o de ‘alguien más’, rodeada de desorden, de casualidades complejas, indigestibles, densas, fenómenos inexplicables, sucesos bizarros, eventos tristes, hechos inoportunos, ese es el presente que veo transcurrir y con el cual he decidido convivir, envés de luchar.

Me mantuve algún tiempo decidida a resistirme a aceptar lo incontrolable, y en realidad me di cuenta que como seres humanos, podemos gobernar nada, somos capaces de accionar muchas cosas, de influir positiva o negativamente en la existencia de otros, tenemos la habilidad de crear, dirigir, conservar y destruir, sin embargo estamos desarmados en lo que se refiere a controlar.

Mi guía y terapeuta espiritual me dijo hace unos días, “¿no has pensado que debes dejar fluir el caos en tu vida?”, hasta ese momento no le había dado nombre a mi realidad, y era ese, caos.

Empecé a buscar significados, a intentar darle sentido a los acontecimientos caóticos, y el tema es que no lo tienen; como lo confirma la propia teoría matemática del caos que se ha hecho extensiva a todas las ciencias y cuya definición extraída del libro El significado psicológico del caos dice: “es la impredictibilidad y evolución irregular del comportamiento de muchos sistemas no lineales; por el hecho de ser sensibles a las condiciones iniciales, el error en una predicción del estado futuro de estos sistemas crece exponencialmente con el tiempo, haciendo que ese estado futuro del sistema se convierta esencialmente en algo desconocido en un periodo corto de tiempo.”

Todo caos lleva a una crisis y esto, según Einstein, no es necesariamente malo, él sostenía que “sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno porque sin crisis, todo viento es caricia.” Yo sinceramente hace mucho que no siento que el viento me acaricie.

Quizás tengan la sensación de que estoy siendo negativa y definitivamente no; considerando que el acontecimiento que me trajo a esta reflexión fue uno de esos que ha sacado lo mejor y lo peor de mí, me ha llevado de la oscuridad a la claridad y viceversa, y aunque agradezco que no fueron mayores las consecuencias, no puedo evitar blasfemarle a ese “algo o alguien” y decir: ¿por qué carajos pasó?, ¿por qué el universo es tan ojete? Por qué suceden esas cosas, o mejor aún, ¿para qué?, ¿cuál es su razón de ser, el aprendizaje que debo tener? Es decir, sé que lo hay, de todo vivencia emana una lección, sin embargo de algunas, es muy difícil verla.

Be water” de Bruce Lee es mi frase favorita. Me tomó tiempo comprenderla y en ocasiones es muy complejo ponerla en práctica. Para mí, “ser agua” significa poder adaptarse a toda la serie de circunstancias que per se, están fuera de tu alcance, es tomar la forma del momento en que vives, de las circunstancias que atraviesas, es transformarte al ritmo de todo que te rodea, dejar de ser quien eres para evolucionar en alguien más, para ser esa persona en quien debes convertirte en un preciso momento e instante; y entonces amalgamarte con el universo, con sus caprichos, con sus sucesos, porque ante todo debemos sobrevivir lo mas estoicamente posible.

En mi caso diré que de momento, parte de esa adaptación es ciertamente observar cómo lo caótico sucede, acomodarme ahí, observar, a veces reír, reflexionar, llorar, quejarme y agradecer, sin cesar de buscar el para qué, porque es ahí donde radica mi tranquilidad, en encontrar esas repuestas donde los hechos inexplicables le dan sentido a la vida.

 

Laura-Sainz



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