El matrimonio después de los hijos

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Por: Lore Reyes.

Hace unos días leí un artículo que decía: “El verdadero reto postparto es no divorciarse” y me puse a pensar en esta frase que aunque corta, es muy fuerte.

Siempre me he cuestionado, aún después de ser madre, si los hijos unen o en realidad separan. Y no me linchen, pero creo que las cosas cambian mucho -y a veces no tanto para bien- cuando los niños llegan.

Soy muy observadora (o metiche) y cuando salimos a comer o desayunar me fijo en las mesas de alrededor, donde hay niños pequeños y por lo general el cuadro es el siguiente: Los niños jugando, medio sentados y a veces medio matándose, la mamá sentada al lado de ellos intentando que coman y el papá del otro lado de la mesa medio inmerso en sus pensamientos, también tratando dar de comer, recogiendo algo del piso, o encendiendo la Tablet para que se calmen un poco. Entre los padres, casi no hay conversación, porque se les va el tiempo en ver que los niños coman, que estén tranquilos y no se comporten como vándalos corriendo por el lugar o aventando el pan. Parece de risa, pero pasa.

¿Qué pasó con las comidas y sobremesas eternas cuando eran novios o recién casados? No regresarán al menos en unos años, cuando los niños puedan mantenerse sentados y comer por sí mismos.

Y es que creo firmemente que tener un bebé es la prueba más grande que dos personas que se aman deben enfrentar. Las maestrías, los viajes de negocios, las suegras, son cosa sencilla comparada con la prueba de tener un hijo (o varios).

Saber que serás papá o mamá es una alegría inmensa, así sea la primera o tercer vez que lo seas. Siempre la llegada de un bebé es felicidad pura. Pero para lo que nadie estamos listos, es para ver cómo nos transformamos en otra persona y cómo ellos, también poco a poco, son alguien más, nada parecido al que conocimos, y el reto, vaya, es amarse en esa transición.

Me quejé muchas veces de estar cansada, de verme terrible, de haber perdido mi abdomen plano y me enojé conmigo misma por mi cuerpo, por compararme con aquellas que salen del hospital en tacones y talla XXS de pantalón, pero nunca me detuve a pensar en que José Luis, esa persona que amo, también estaba pasando por una crisis postparto. Él también estaba cansado, preocupado, estresado, y además debía tener una palabra adecuada para hacerme sentir mejor en mis quejas constantes.

Cuando los amigos que son padres antes que uno te dicen: Duerman, viajen, salgan, porque después ya nada es igual; deberíamos creerles. Y es que sí, cuando nace el primer bebé te enfrentas a una etapa de reajuste amoroso. No es que no ames a tu pareja, al contrario, lo amas más y siempre tendrán ese vínculo hermoso que es tu hijo, pero la diferencia es que hay factores que sacan tu mejor y tu PEOR yo. Ya no nos hablamos con cariñitos y besos en cada frase, ahora nos urge que traigan la mamila o que nos ayuden a parar de la cama porque la herida de la cesárea nos está matando. Lo queremos a la voz de ¡ya! Y entonces dimos el primer grito. Y así, poco a poco empiezas a hablarle con más apuro, sin tacto, desde el cansancio y no desde el amor.

shutterstock_95044438 homeAmo la familia que hemos formado, nuestra pequeña familia de tres, pero confieso que extraño mucho a mi marido. Extraño escaparme de fin de semana, quedarme en la cama simplemente abrazados, o platicar largamente sin que mi hijo nos interrumpa con cualquier cosa. Lo amo, de verdad, pero a veces no sé cómo expresar que lo extraño porque mi inercia hace que sólo le diga que hay que pagar colegiatura, que estoy cansada y que le toca relevarme, que necesito hacer ejercicio, que me ayude con la ropa… y cuando llego a la cama y planeo que tengamos al menos 30 minutos juntos, ya está dormido, exhausto.

También confieso que a veces me cae mal. Y él no me ha hecho nada, es sólo que secretamente envidio que pueda salir a trabajar, ver gente, tener retos, viajar, tener cenas y comidas con compañeros, que su vida no esté reducida a tener al niño colgado como arete. Y seguramente yo le caigo más mal porque ha de creer que mi vida es un parque de diversiones y que no me doy cuenta de que los gastos y las cuentas son como el bote de la ropa sucia: nunca se acaban.

Pero así como a veces me cae mal, hay muchas noches en que llego a la recámara y ya está dormido y lo miro y no puedo estar más agradecida con la vida de tenerlo a mi lado. Con los días buenos y los días pésimos, con los pocos momentos que a veces tenemos de conversar y el no poder ni siquiera hacer el amor como antes, con su mal humor y el mío, con su falta de tacto y mi sensibilidad, con las interrupciones de nuestro hijo cuando platicamos, con el estrés, los planes que no hemos concretado, las ilusiones y desilusiones, el llanto contenido, las risas… con todo eso, él es la persona que elegí y la que volvería elegir mil veces sobre quien sea y espero de verdad que piense lo mismo hacia mí.

Estoy dispuesta a atravesar este reto y todos los demás si él está conmigo. Y sé que así como yo hay muchas de ustedes que sienten parecido y que extrañan a sus esposos porque hay en medio (hasta en la cama a veces) unas personitas que amamos y que nos necesitan. Pero pensemos que nuestro matrimonio, unión libre o lo que tengan con su pareja, es la base para que los niños estén bien. Así que démonos el tiempo que necesitamos como pareja, seamos novios de nuevo, besemos más, hagamos un alto. ¿Qué les parece hoy para empezar?

 

 

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