La vida real, con estilo.

El poder sanador de las amigas

Esas Mujeres que comparten mi historia

 

Por Lore Reyes

Cada día me convenzo más de que ser mamá no es tarea fácil. Y súmale querer ser empresaria, escribir un poco, tratar de enterarse del mundo que sigue girando estés o no, cumplir en el colegio del niño, el ejercicio y la casa, es simplemente agotador.

Hay días en que me veo al espejo y me digo: ¿Pero qué te pasó? ¡Si yo te dejé bien en la mañana! ¿Pero saben? Aunque parezca cómico, el maquillaje, el cabello y la piel, ya no se comportan como antes y menos a unos meses de subir al cuarto piso (pánico). En esos episodios de caos en que no me reconozco si no fuera  porque me siguen llamando por este nombre que mi madre me dio, mis amigas tienen un papel crucial.

Sí. Confieso que a veces vivo a través de ellas, me gusta escucharlas de cómo han crecido a grandes pasos en sus carreras, acerca de sus viajes, de sus ligues de una noche, de cómo pueden levantarse a las 10 am al día siguiente de una fiesta o ver cómo sus uñas y su cabello son sensacionales aún cuando no se esfuercen mucho por peinarse. Obvio estoy hablando de mis amigas, esas 5 locas que aún no son mamás.

Reunirnos a veces es más difícil que poner de acuerdo a dos partidos políticos, pero cuando lo logramos, la pasamos tan bien que me reconectan conmigo misma. Aunque en mí a veces ¡ya sólo sean recuerdos! Porque sería un lujo despertarme a las 9:00 o 10:00 am después de una fiesta, sin importar si me tomé la garrafa completa de cocteles, mi hijo se encarga de cobrarse mi ausencia nocturna y ahí estoy con la ojera abultada y medio morada, haciendo desayuno o limpiando pompas, mientras mis amigas se comen una barbacoa o unas quesadillas. ¡Y ni hablar de un ligue de una noche! Ya no recuerdo ni que es eso (para tranquilidad de mi marido).

Cuando estamos juntas, el tiempo se pasa tan rápido que quisiera atrapar esas horas que me llenan de energía para utilizarlas como pila cuando ya no puedo más. Y a pesar de que las mujeres somos muy complicadas y juntas somos una amenaza, entre nosotras no existe esa complicación. Somos muy distintas pero iguales a la vez. Yo fui la primera en convertirme en mamá y han estado atrás de mí para apoyarme en mi transición de trasnochadora a mujer cuentacuentos y eventual personaje de aventuras.

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Lo genial es que con ellas, hablo de mí. No de los logros de mi hijo, de si ya dejó el pañal o de mis preocupaciones como madre. Y creo que es un código tácito entre nosotras, porque yo necesito hablar y escuchar de otros temas y porque creo que a ellas no les interesa saber si mi hijo ya hace popó en el bañito. Y es un consejo que me atrevería a dar: Aún si tus amigas tienen hijos, cuando se reúnan hablen de otros temas, hay millones de cosas interesantes, no nos clavemos en el papel de “soy madre” y sólo hablemos de colegios, pañales, rabietas y hábitos. ¿Qué hay de nosotras antes  y después de ellos?

Pero bien, esta es en realidad una oportunidad para agradecerles a estas mujeres que han estado en cada etapa de mi historia, y que siguen aquí sin importar si no me dio tiempo de hacerme el tinte o tengo un mal día. Somos AMIGAS y eso tiene un poder reparador absoluto en mí. Ellas saben quiénes son y su papel en mi vida.

Ah! Pero…¿Saben que es lo mejor de todo esto? Mi placer oculto y secreto de que cuando ellas empiecen a ser madres yo estaré en una etapa más liviana y podré levantarme tarde, comerme esas quesadillas y volver a tener el cabello arreglado y radiante. Mientras ellas estarán esterilizando biberones o quejándose porque no han dormido. Pero por supuesto ahí estaré yo y estaremos juntas como ha sido en las pérdidas familiares, los corazones rotos, las uniones o separaciones que hemos atravesado, porque para eso están las amigas.



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