El post de los chones rotos

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“Ay, qué bueno que me puse mi ropa interior bonita”, dijo la mamá de mi amiga cuando volvió en sí en el hospital. A sus setenta y muchos sigue siendo coqueta y después de la santa caída que se dio, en la que se lastimó tanto que terminó en una ambulancia y con la ropa cortada para poder quitársela, pensó en sus chones. Traía los buenos.

Claro, el pensamiento que llegó a mí de inmediato fue: “¿Y por qué demonios tenemos ropa interior fea?”

Esto lo comentamos en una fiesta, con varias mujeres riendo a carcajadas porque TODAS reconocemos que tenemos “el calzón aguado” en nuestro cajón de lencería que nomás se niega a pasar a mejor vida.

¿Qué tienen de especial? ¿Alguna historia o simplemente, se nos olvida? Son esos que nos ponemos una mañana de prisa y entonces recordamos: “carajo, son los que ya no tienen resorte. Hoy sí será la última vez que me los ponga.” Pero, los lavamos y de alguna forma… ¡regresan al cajón! Un círculo vicioso poderosísimo. Ya se les hizo un agujerito o se les rompió el coquetísimo listón y parece que los mordió un león.

Algunas amigas afirman que son “cómodos para estar en casa”, pero… ¿qué pasa si ocurre un accidente como el de la mamá de mi amiga? Imagina: estás cómoda en casa, con pants y el calzón “noapretradordelonja” y, ¡tómala! 911, corre corre, sangre y ¡George Clooney de guardia en el hospital! Y que le toca abrirte la ropa con tijeras quirúrgicas. Tarán. Sorpresota. Literal. Adiós esperanza de romance de serie gringa. Y todo por el !”·$%&%$· cómodo bikini fodongo y roto.

¿En qué momento dejamos ir la coquetería por la comodidad? ¿O será que no pensamos que merecemos tener una línea completa de lencería divina para sentirnos sexys pero también cómodas? Vaya, que no tiene que ser todo encaje y tanga, eso es mucho cliché y, venga, que los chones en una noche de pasión ni por revisión pasan.

La cosa es sentirnos guapitas desde el interior. Como lo merecemos. Consentidas por nosotras mismas. Bien ajustaditas y no tener que correr deteniéndonos las enaguas. No vaya a ser…

Así que te invito a que abras tu cajón y saques en este momento el calzón gigante, sin resorte o con hoyitos, le des las gracias por las batallas recorridas y ¡adiós! Al bote de basura.

(Al cabo ya vienen las ofertas, buen momento para la renovación).

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