¿Eres quien querías ser de niño?

Niño soñador

Por Lore Reyes

Seguramente, cuando eras niño no podías esperar a crecer. Ya querías “ser grande” como papá o mamá para ser y hacer lo que imaginabas en cada juego. No había obstáculos, ni pretextos, tú sabías qué querías y jugabas a serlo con tal pasión que parecía real.

Recuerdo claramente que una vez me imaginé parada frente a un ventanal enorme, en el piso de un edificio altísimo, de noche, viendo las luces de la ciudad, jefa y dueña de una empresa. Claro, que esto fue ya cuando tenía como 18 años, porque cuando era niña quería ser veterinaria, esa que todos los animales amaran. Pues ni una ni otra sucedió. No fui veterinaria porque hubiera sufrido más que mi paciente y no, no soy dueña de una empresa.

Cuando me veo al espejo y me miro, sobre todo en etapas de crisis, en las que hay que reinventarse, realmente me pregunto si mi niña, esa Lorena que jugaba a ser una chingona, estaría orgullosa de mí o si se estaría dando de topes en la pared y diciéndome: “¿Ves? Te lo dije, debimos ser astronautas”.

Duele. Duele explicarle a mi niña por qué no soy quien ella imaginó. Y es que al crecer, los piratas, brujas y dragones, son reales. Son inversionistas que dicen que no quieren seguir contigo, son jefes implacables que destruyen autoestima, son hijos que demandan tu presencia y responsabilidades que te llegan al cuello.

¿Cuánta gente conocemos que ha dejado atrás lo que realmente le gustaba hacer? Guitarristas talentosos, pintores, amantes de los viajes, que se han enterrado en oficinas por no escucharse, por ganar dinero, por ser responsables…¿Por ser grandes?¿Eso era ser grande?, con razón Peter Pan no quería crecer.

Ahora mismo estoy pasando (otra vez) una etapa de reinventarme, de reencontrarme y de probar cosas nuevas. Sí, una crisis es una oportunidad, pero también es momento para preguntarte una y otra vez para qué eres buena o bueno. Reconocer tus talentos, volver a conectar contigo y no perderte en el camino. Nada fácil. Porque con la edad pierdes la fantasía y te conviertes en una realista muy dura, que a veces corta de tajo las ilusiones y, antes de ver un proyecto con esa imaginación y creatividad de niño, lo ves desde lo redituable; si no le encuentras el signo de pesos entonces no sirve. Y ahí es donde tuerce la puerca el rabo, como dicen. Porque, ¿qué no es la pasión lo que debe movernos?

Los niños hacen todo con pasión. No veo que alguno juegue con hueva, pensando que el Superhéroe no va a poder con la misión, o que el salón de belleza de Barbie® va a cerrar pronto por falta de clientes. Todo en ello es abundancia, poder y optimismo. Si se cae la torre de bloques la levantan de nuevo, si tropiezan en los patines intentan hasta lograrlo. No se rinden, no renuncian. ¿Cómo y por qué perdemos esa capacidad creadora, luchadora, feliz?

como ser niña siempre
Foto por: Leo Rivas-Micoud

¿Será que estamos tan preocupados por ganar bien, por tener más, por demostrar que somos buenos y que se nos reconozca, que perdemos la verdadera razón por la que elegimos nuestra carrera… que en realidad debería ser nuestra MISIÓN? Una misión creadora, liberadora, que inspire a quien esté a tu lado y una forma de vida generadora de felicidad total.

Hoy, preocupada por el futuro, por pagar mis cuentas y por tener dinero inmediato me declaro HARTA. De verdad quiero y necesito rescatar a mi niña, pedirle perdón y explicarle que la dejé atrás por querer ser grande. Y que hoy necesito que me ayude con su pasión e imaginación a encontrar de nuevo el camino. Que estoy dispuesta a seguir las migajas de Hansel y Gretel o pedirle audiencia al Mago de Oz para regresar a casa.

Quiero pararme frente al espejo y decirle orgullosa que soy quien ella quería. Sin importar lo demás, sólo descubrir que soy muy feliz haciendo algo que amo hacer.

Ya les contaré cómo me fue…

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