La espera del príncipe azul

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Ay, esa historial del príncipe azul

Por Lore Reyes

A absolutamente todas nos han contado los cuentos de hadas en los que aquella triste, marginada, maltratada e insegura jovencita se convertía en una princesa. En el cuento, bastaban unas horas para caer rendida de amor: un encuentro en el bosque, un baile en palacio antes de la media noche, ver al irresistible galán a la orilla del mar. Así de simple, en un dos por tres sabías que era el amor de tu vida, aquel que se llevaba tus miedos y tu pasado, y abría las puertas de un mundo increíble al que jamás hubieras tenido acceso si no fuera por él.

¿Y de verdad fueron felices para siempre? Nadie nos ha contado la secuela en la que el Príncipe le reclama a Blanca Nieves por haber vivido con 7 hombres, o donde Cenicienta tenía que lidiar con un marido que era un bueno para nada y al que su papá le urgía casarlo. Parece broma, pero es verdad. ¿Por qué contarnos esas historias? Es un hecho que desde niñas nos meten en la cabeza la idea de que si eres hermosa, buena, y hasta sumisa encontrarás al ansiado valiente caballero. No importa cuánto sufras, el vendrá tarde o temprano a salvarte.

NO y NO

Por supuesto a mí me gustaban las princesas y ansiaba tener a mi príncipe azul. Claro que me creí que había un hombre por ahí con su corcel y su espada y que me casaría y tendría muchos bebés. Claro que quería el castillo, las joyas, la carroza, y todo lo demás. Y no estoy hablando de cuando tenía 6 años.

Estoy hablando de mi juventud.

El trancazo viene cuando conoces la verdad. Algo así como cuando descubres quien es Santa Claus.

El príncipe azul NO existe

No va a despertarte de un sueño profundo, ni del hechizo de la bruja, ni vas a ser su favorita porque cambiaste tu voz por un par de piernas. No es así.

En este cuento llamado vida la única responsable de tu felicidad eres tú misma. No puedes darle a un hombre –o mujer en su caso–, el poder de darte o quitarte. Sería otorgarle una responsabilidad enorme. Una pareja te complementa de ciertas maneras, te acompaña, no viene a borrar tus traumas, no puedes exigirle que concrete tus sueños para que seas feliz.

Por muchos años, yo iba por la vida buscando esposo. Así como lo leen. En cuanto empezaba un noviazgo, yo ya estaba haciéndome castillos en el aire. Obvio ellos ¡olían mi desesperación y salían huyendo! Y yo sumando fracasos y el sentirme menos querida o aceptada.

Con terapia y buscando ayuda entendí que nadie iba a darme lo que yo NO tenía para dar. Me la pasaba enfiestada, sin tomar nada en serio, lastimando hombres que sí valían la pena por tipos inservibles; desaprovechando oportunidades profesionales por estar en la estupidez de la juventud y en mi camino a crear mi disque cuento de hadas (más bien de horror).

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Cuando comprendí todo eso, y dejé al último novio que lejos de ser príncipe azul era el sapo más horrendo, y dejé de buscar casarme (por presión social, por la gran boda, por ser la Señora de…), entonces llegó a mi vida una persona que supera cualquier cuento. A lo que voy es: no podemos esperar el rescate de nadie.

Es obvio que todas tenemos pasado, historia, frustraciones y dolor. Pero también sueños, ambiciones, deseos y mucha fortaleza para hacerlos realidad. Sobre todo, creo que debemos ser leales a nosotras mismas. No conformarnos con lo que te quieren o pueden dar, y ser firmes en lo que nosotras queremos: Si tú quieres tener bebés y él no, bye! No es el indicado. No tienes por qué comprar la idea, solo por estar con con alguien. Si no tiene ambiciones y tú eres una chingona en lo que haces…¡adiós! No tienes que jalar un lastre. Si solo le importa su bienestar, es egoísta o tiene mamitis… Next! Sigue adelante.

¿Se puede?

Se dice fácil y más cuando hay amor de por medio, pero nosotras somos quienes escribimos nuestra historia y de nadie depende que seamos plenas. Si algo no nos hace felices, ¿qué hacemos ahí?

Tampoco es menester tener pareja para ser feliz. ¿Quién dijo? Ser soltera o estar sola no es sinónimo de desolación. Es increíble estar sola y hacer lo que te venga en gana. Conocer, viajar, cambiarte de residencia sin ataduras, pedir mesa para uno, conocerte a profundidad. De verdad vas a encontrar cosas sorprendentes de ti misma.

Y, ¡por favor!, borremos de las generaciones futuras este paradigma de querer ser Princesa. Gracias a Dios ahora las historias son más inteligentes y muestran niñas que son rebeldes, distintas, y que no creen en una historia de amor de olla express. Hagámosles saber que ellos y ellas son responsables de su propio camino, no de salvar ni ser salvadas.

 

 

 

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