Joven por siempre

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Cuando iba a cumplir 40 mi ex terapeuta me dijo que no era una mala idea irme preparando para la menopausia. Casi me da una infarto, ¡no exageremos!, le dije. La razón para su recomendación era que tengo una década para prepararme psicológicamente para todos esos cambios que vendrán. No era tan descabellado porque, ah, qué duro es envejecer. Nadie puede ser joven por siempre.

Ya sé que saltarán miles de personas diciendo “¡Claro que no!, yo nunca me traumé”, pero no les creo NADA. Hay momentos en que sí recuerdan que ya no es lo mismo que antes. No es que se tengan que “traumar” pero –al menos a mi parecer—no nos preparan para envejecer. Porque, ¿qué creen? Es casi un pecado.

Cremita aquí, cremita allá

Para nadie es secreto que soy una cuidadora de mi piel. Pero, la verdad, es que ya no me veo de 29. Veo mis fotos, tengo líneas de expresión junto a la boca (esta sonrisa mía), mi piel a veces ya no se ve tan chula y pues todo cambia. La expresión. Es diferente.

Mi cabello sigue estando lindo, pero ahora se ilumina con MUCHAS canas plateadas. Lo noto, se notan. Así es, la verdad es que no tengo 29, no luzco como 29 y, ¿saben qué? ¡Está bien!

Este tema salió porque vi este post:

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Me molestó. Porque:

  • No es cierto que se vea de 29 (vean la primera foto de este texto, Allure de octubre de 2015).
  • Ella nunca ha querido verse tan joven.
  • Es una cuarentona que luce cuarentona… ¡y está bien!

Yo que he trabajado en la industria editorial femenina, en donde pululan las mujeres jóvenes y radiantes en las fotos, puedo decir que hemos contribuido a que envejecer se convierta en casi pecado. Pongo mi manita. Pero tengo mucho más que decir.

Entrevista por Allure
Entrevista por Allure

Si bien los medios tienen mucho que ver con nuestra ilusión, creo que nuestra propia fantasía mental es la que nos da mucha lata… esa fantasía que no corresponde al espejo. Por ejemplo, yo me he enojado conmigo misma muchas veces porque veo a un hombre canoso y, ufff, me derrito. Sexy, experimentado, guapo. Pero cuando noto las mías en el espejo, ¡ay, dios! Me siento muy mal. Y si veo a una mujer que se las deja, hay una parte de mí que no las ama (a las canas). Entonces, me enojo y me regaño por esta gran contradicción. ¿Por qué en los hombres “está bien” y en las mujeres, “mal”? ¡Y yo lo pienso!

Envejecer nos afecta de distintas maneras a ambos géneros, pero es una realidad: nos cansamos más, la noche perfecta incluye cama (de otra variedad, diría Mecano… con twist), dormir temprano y parches para descansar los pies. Las rodillas, la cintura, la cadera. Subir las escaleras, los bochornos, las ganas. La colitis, el reflujo, la gastritis. “Ya no puedo cenar tanto. No puedo comer pesado. Nada de irritantes”. Y las fotos, esos recordatorios que ahora son constantes en las redes sociales. Ah, sin faltar las opciones cada vez más abundantes: bótox, cirugías, inyecciones de sangre, colágeno implantado en el ADN (no corran a googlearlo, lo acabo de inventar).

Entonces: hay que ahorrar desde los 15 en lugar de aceptar que vamos a envejecer. Hasta hay que tomarlo en cuenta para los tatuajes: que no sea donde se cuelgue, porque qué feas son las carnes tatuadas que cuelgan.

Ese pecado

Yo admiro mucho a Julia Louis-Dreayfus porque luce fabulosa. Como lo dice en esta portada de revista: quiero verme joven pero no de 25. Así, tampoco yo. Quiero cuidar mi piel, que esté hidratada, fresca y sí, pues tersa. Pero tengo que aceptar que no luzco de 29. ¡Sería imposible!

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Pero no sólo lo es en el look, también en lo profesional. En California se aprobó una ley en la que se obliga a los sitios web a que eliminen la edad de los actores que así lo soliciten. Porque si eres vieja, no tienes chamba.

Actrices que han participado en proyectos largos, como Patricia Arquette o Julie Delpy han sido duramente criticadas mientras sus compañeros en pantalla (casualmente Ethan Hawk en ambos casos) no tienen el mismo problema. Lo que les decía yo al principio con las canas.

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Elle.es

Incluso mi admiradísima Jane Fonda quien hace una oda a la edad en Grace and Frankie fue una víctima de la corriente. Y yo la veo y pienso: diablos, quiero verme como ella a los casi 80. Fabulosa, con ganas, trabajando. Pero para ella, llegó el punto que no era suficiente y ¡la entiendo! Si yo únicamente me veo en el espejo, ¿cómo será verse en pantalla gigante y en HD?

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Elle.es

Si no, hay que recordar a nuestra adorada Monica Geller y la transformación que sufrió su rostro. Aprendió la lección, claro.

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http://smoda.elpais.com/

La actitud

A pesar de que en la sociedad en general y nosotr@s en particular hacemos una diferencia entre hombres y mujeres, hay que tener actitud. Cuando le preguntaron a Cher si no era ya muy vieja para el rock ella contestó: “pregúntaselo a Mick Jagger”. Touché.

Susan Sarandon (otra que duró como de 29 por años y años) dice que tiene muchas otras cosas por las cuales ocuparse y que si a los 25 te preocupas por cómo luces… ¡la vida será muy dura contigo!

La fabulosa Cate Blanchett reflexiona sobre las cirugías en una nota de El País, “Nunca lo he hecho, pero quién sabe. Personalmente no creo que la gente luzca mejor cuando se la hacen, sólo lucen distintos… Y si lo estás haciendo por miedo, ese miedo seguirá siendo visto a través de tus ojos”.

Cito a celebridades porque por ahí comencé: con esto que vemos en las revistas. Las modelos. Cuando tuve la oportunidad de entrevistar a Christy Turlington la edad no era un problema, ya que representaba unas pastillas para alimentar la piel. Además, con su práctica de yoga y todo lo que eso implica (el estilo de vida), luce fabulosa desde dentro. Por cursi que suene. Así como mi amiga Ali que siempre se alegra de su edad porque cada día celebra estar viva. Lo mismo dice Meryl Streep. Estar vivas.

Pero no son cosas que se discriminan mutuamente: puedes estar agradecida y puedes sentir “gacho”. Es mi experiencia, al menos.

¿El remedio? Primero, dejar de satanizar a los otros. Sí, ya tiene arrugas. Sí, no se cuidó la piel y tiene muchas manchas y líneas (¡ya no lo hizo!, let’s move on). Sí, le gusta su cabeza blanca.

Segundo, aceptarlo. Si tenemos claro que todos vamos a morir, ¿por qué no empezar a pensar que –de manera ideal— antes de que eso suceda nos vamos a volver pasita?

Tercero, trabajar en ello. Paso a paso, lidiar con ello y tomarlo como parte de la vida. Porque lo es.

Cuarto, dejarnos en paz. A nosotros mismos. Dejar de ver esas imágenes en donde se me ven más las arrugas porque, de un tiempo para acá, he dejado de sonreír en las fotos (disque un cambio)… por lo tanto, ¡se nota más que antes! (aunque suene contradictorio, luzco distinta porque ¡ya no sonrío!). Acepto poco a poco que en las fotos y en el espejo se vean mis canas… porque he decidido dejarlas libres porque, la verdad, es que sí me gustan. Eso no significa que dejaré de cuidarme la piel, el pelo, la alimentación o de hacer ejercicio, ¡qué va! Si lo haré aún más. Porque es parte de consentirme, de quererme, de cuidarme, pero no viene desde el terror a envejecer sino desde el amor de sentirme bien.

Ni modo, es cierto: no podemos ser jóvenes por siempre y tampoco podemos parecerlo. Diría Raúl mi amigo: si yo hubiera sabido todo lo que sé a los 60 a los 40, otro gallo me hubiera cantado. Pero no es así. La edad trae sabiduría así que apelemos a ella. Pero también la edad trae miedos que tienen una causa real (tanto descalabro, los cambios de piel, los dolores físicos, etc.) así que no nos queda más que enfrentarlos con terapias, con ejercicios, con felicidad. ¡Y ligereza!

Creo que ese es el mejor remedio: ser felices. Si nos ocupamos en ser felices dejaremos que estas cosas nos preocupen (un poco menos). Si somos agradecidos podemos ver eso que la Streep dice: ¡estoy viva! ¡Tengo esto y lo otro!

Así que ni modo, a prepararnos para de vez en cuando notar algo distinto en nuestro físico (es inevitable) pero también algo diferente y nuevo en nuestro nivel de conciencia y emocional (este es opcional). En nuestras manos está el chambearlo y temo decirles que el envejecimiento no tiene remedio. ¿Cómo quieres hacerlo tú?

Un comentario sobre “Joven por siempre

  1. Hay que estar conciente de que los años dejan huella, hay que vivir de acorde a la edad, viviendo intensamente cada día

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