La sombra de mi madre

Ese personaje al que jamás podré superar

Por Lorena Reyes

Para nosotras, nuestras madres siempre serán heroínas. Recuerdo que cuando era niña me parecía una mujer espectacular (aún lo es),  con esos ojos verdes tamaño plato, pestañas de envidia y sonrisa perfecta. Con tres hijas a los 28 años, corriendo todo el día y siempre con la casa impecable, esperaba a que mi papá llegara, maquillada, con cena lista y niñas bañadas y dormidas. ¿Cómo demonios le hacía?

He aquí las cosas que mi madre, esa mujer llena de sorpresas,  no me heredó:

  1. La enorme facultad de controlarnos con una sola mirada: en alguna fiesta familiar o escolar, si hacíamos algo mal nos lanzaba esa mirada de “En este momento te calmas y dejas de hacer lo que estás haciendo” y funcionaba, se acababa el berrinche, la insistencia o el mal comportamiento. Ya quisiera yo que a mi hijo le causaran algún efecto mis miradas furiosas.
  2. Estar impecables hasta las 8 de la noche: A esa hora, ya hice ejercicio, me arranqué el rímel con las uñas (es mi peor maña), o me solté el cabello, así que cuando llega José Luis, créanme que no soy la imagen de una actriz en alfombra roja.
  3. Estirar el dinero y hasta guardar para ella: Mi madre no salía a trabajar, ella se dedicó a criarnos hasta que yo cumplí 15 años, mi papá daba “el gasto” y ella veía cómo, pero siempre había de todo en casa y le alcanzaba para comprarse algún capricho, como zapatos o algo de ropa. Yo hago home office, y aun con mi sueldo, siempre termino pidiéndole a mi marido para cualquier cosa. Estoy segura de que mi mamá es maga.
  4. Tener más de una habilidad y hacerlo bien: Mi mamá cocina, dibuja a la perfección, sabe corte y confección, hace cualquier manualidad por difícil que parezca, y por si fuera poco ahora ya ha aprendido acerca del Whatsapp y el uso de tablets. A mí me gusta dibujar pero de verdad tengo algo roto entre mi cerebro y mi mano porque no se transmiten las ideas y termino haciendo una porquería. No sé coser ni un calcetín y pobre del que se arriesgue a comer lo que cocino.
  5. Mantener ocupadas a tres niñas con cualquier artefacto: Recuerdo que se ponía a coser o remendar y nosotras sentadas en la alfombra jugábamos con el botecito de los botones, por largas horas, tranquilas, sin destrozos. Yo tengo que inventarme más de un juego en un lapso ¡de una hora! Y jugar con cosas digamos más interesantes que un bote con botones de colores.

¿Y qué tal en su papel de abuela? Es increíble. En todos los sentidos. Tanto para darle todo su amor y energía como para malcriarlo. Puede estar exhausta por el trabajo y el día a día pero en cuanto mi hijo le llama para jugar, mi mamá se pone las pilas ultra recargadas y juega como si tuviera 5 años.

Como es de esperarse, para mal educar también es buena. Mi hijo no come nada bien, y le cuesta comer de forma nutritiva, pero mi mamá le ofrece un arsenal de galletas, dulces y chucherías que obvio a nosotras no nos hubiera dejado comer. Lo deja saltar en su cama, limpiarse la boca con su ropa (¡por Dios!), si llora por un berrinche lo consuela y ¡me regaña por gritarle o hablarle fuerte!, lo deja mojarse, llenarse de tierra, rayar el refrigerador con plumón (total, se quita con una toalla)  y todo eso que ni en sueños hubiera podido hacer yo como hija suya. Pero como dicen se educan a los hijos y se mal educan a los nietos, muy a nuestro pesar.

¿Que otro poder posee mi madre? Ah, claro el de predecir las cosas, como cuando me dice que no le quite el suéter al niño o no le dé algo de comer porque se va a enfermar… y se cumple. Y obvio no se queda con las ganas de decirme “¿Ves? Te lo dije”. A veces me divierte y otras quisiera salir corriendo hasta China y miren que soy pésima corriendo.

Es una odisea. Su sombra me sigue como un totém gigante al que jamás podré superar. Ella enmarca y sostiene mi vida y también derrumba mis miedos y frustraciones, ella representa mi idea de amor infinito e incondicional. Tengo la enorme fortuna de contar con ella en cada paso y etapa de mi vida y sé que aunque jamás seré como ella, al menos tengo fuertes bases para ser una madre que mi hijo recordará con inmenso amor.

 

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