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Lo maravilloso y no tanto de tener 40

Lo maravilloso y no tanto de tener 40

Por Lore Reyes

Inevitablemente llegué al cuarto piso. Lo veía tan lejano que ni siquiera estaba en mi espectro. Siempre me he sentido más joven de lo que soy o incluso de lo que me veo. Pero como en esto de acumular años nadie se salva aunque te aferres a los litros de botox, las dietas, faciales y hasta cirugías, aquí están las cosas del día a día que son increíbles de tener 40 años y claro, los que no me hacen la menor gracia.

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Lo bueno:

  1. Ya no quieres agradar a nadie: Perdí mucho tiempo y energía queriendo agradar a todos. Me preocupaba mucho si alguien me miraba con desaprobación o decía algo de mi personalidad, incluso me afectaba que alguien ¡no me saludara!, le daba vueltas pensando sobre qué había hecho mal. Ahora sigo siendo cálida y amable con todo el mundo, pero si alguien no me corresponde ya no me importa. No me desgasto queriendo ser su amiga o forzando una relación. Me pasó con una mamá del kínder de mi hijo, yo siempre la saludaba o le hacía un comentario amable, acerca de ella o de sus niños y ella era siempre muy hostil. Me pregunté un día: ¿Te hace falta en tu vida? ¿Te importa tenerla dentro de tu círculo básico y cercano? ¿No? Entonces al carajo. La saludo por educación pero no intento más. Y así con el resto de la gente. Es obvio que aún me importa lo que piensa mi familia, y mucho, pero nada más.
  2. El sexo es realmente maravilloso: Seguramente recordarás varias de tus experiencias sexuales de juventud y ni hablar de la primera vez. Todo es nervio, la pasión se desborda y sabes poco o nada del tema, quieres ser una “master” y acabas acalambrada y rozada, piensas que todo tiene que ser como de película, tratas de planear todo, quieres verte espectacular y no comes nada ese día, te da pena que te vean desnuda, no sabes bien qué sensaciones te gustan y qué no, haces cosas que él te pide sólo por complacer y tú quizá mueres de asco, etc, etc. Ahora no. Conozco mi cuerpo y lo que me gusta sentir. Pido lo que necesito, escucho lo que necesita, no tengo prisa (bueno a veces sueño), aunque mi cuerpo no es tan hermoso y firme como antes, ya no me da pena, disfruto la conexión y todo lo que hay en ese momento.
  3. La gente a tu alrededor es la que realmente quieres que esté: Es un poco de lo que hablaba arriba. Ya no te interesa agradar a todos y ser la más popular de Instagram o Facebook, e ir por la vida coleccionando Likes. La gente que está en tu círculo, aquellos amigos que de verdad quieres y te quieren están ahí porque han creado historias y vínculos que son recíprocos. Ya no quieres cerca a la amiga que liga y que te ayuda a ligar, o la más reventada o la más bonita. Ahora son personas que te nutren, que son una red de apoyo, de las que aprendes, las que están ahí en buenas y peores. Y llegan a ser pocos, como dicen, contados con los dedos de una mano, pero increíblemente suficientes.
  4. Comodidad antes que glamour: Por supuesto me sigue importando mi apariencia, pero ya no es para mí prioridad tener 20 pares de tacones y andar todos los días en total glamour. Ahora trato de estar más cómoda, y gracias a que mi trabajo y labor de mamá me lo permiten, ahora mi look se resume a cabello recogido, tenis y jeans. Y me siento guapa así.
  5. Puedes convivir con gente más joven o mayor y sentirte cómoda con ambas: Esta edad es como cuando estás en la adolescencia: No eres ni joven ni viejo, pero yo tengo amigos y amigas mucho más jóvenes que yo con las que la paso fenomenal. Puedo ser más ligera, no entrar en conversaciones tan profundas, me divierto y aprendo ¡mucho! Hasta de tecnología que cada vez me parece más complicada. Y por otra parte, cuando se trata de convivir con gente mayor, me siento cómoda, puedo platicar sin pensar como antes, que eran una bola de rucos y yo qué hacía ahí.
  6. Usar lentes es sexy: También ahorita está de super moda ser hiptser o geek (Que tal ¿eh?, sé lo que significan esas palabras, jaja) y usar lentes es como dicen, la onda. Pero a mi edad usar lentes es necesario si de verdad quiero poner atención a lo que leo y estar segura de lo que escribo. Antes lo quería evitar a toda costa y traté de usar lentes de contacto que me molestaban horrible, o compraba los lentes y los arrumbaba en el cajón del escritorio porque no quería sentirme mayor. Ahora hasta me siento cool.
  7. Ya sabes hacia dónde vas y lo que quieres realmente: Bueno, todavía tengo periodos en los que me desvío un poco y me siento confundida, tampoco cumplir 40 años te trae de manera instantánea las respuestas a todo ni te resuelve tus broncas. Pero al menos ya tienes un panorama más claro de lo que quieres y cómo quieres llevar tu vida. A pesar de que aún estoy en proceso de adaptarme al cambio profesionista-mamá, después de mucho jaleo y conflicto interno, disfruto más lo que HOY tengo y trato de ir un día a la vez, sin ser tan intensa o querer resolver todo de un jalón. Sí, aún mi carácter aprensivo se hace presente y me traiciona, sobre todo cuando hay presión, pero me dejo sentir, exploto y después regreso a la calma.
  8. La vida se hace más sencilla: Los conflictos que cuando eras veinteañera eran causa de una depresión, caos sentimental o guerra de sexos ya no lo son. Una pelea con tu pareja no se traduce en dejarte de hablar dos semanas o aventarte los sartenes en plena discusión. Sabes que tienes que hablar y que resolver. No les das tantas vueltas al “mejor no le llamo, que él me llame” o “lo dejo en las dos palomitas azules del whatsapp para que sufra un rato”, llamas y punto. Contestas y ya. Y así con todas las relaciones. En el trabajo ya no dejas que te carguen la mano no más porque “Tú lo haces mejor que los demás” o con tus amigas, si hay alguna que no entra en el grupo lo dices y ya.
  9. Eres más auténtica y divertida: Dices las cosas sin tanta pantalla o filtro. Ya no estás tan dispuesta a no decir las cosas para no armar líos. Por que una cosa es ser amable y otra andar cargando un tambache de cosas que te molestan y no dices sólo por no confrontar. Ni modo, hay veces que sabes que no te va a gustar lo que vas a escuchar pero es mejor a suponer o hacer historias en la mente. Entonces empiezas a ser realmente tú, con lo bueno y lo malo de tu carácter pero TÚ. Y por lo mismo disfrutas más y te diviertes más sabiendo que no estás guardando en un baúl de apariencia a quien eres de verdad.
  10. En una de esas no te calculan la edad: Aún estoy en la etapa en la que paso por 37 años (¡ajá!). Mucha gente no adivina mi edad y eso, créanme, me hace el día.

Lo malo

  1. Salir sin maquillaje empieza a ser un delito: Antes podía salir con un poco de rímel y gloss y me veía bien. Ahora, ¡Dios mío! Parezco un zombie si salgo así. Si tengo que hacerlo, ni modo, lo hago pero ruego al cielo no encontrarme a nadie para no asustarlo. Debí hacerle caso a mi madre y no maquillarme diario. Así no parecería otra persona al no traer el maquillaje que normalmente uso.
  2. Los chavos de 20 te dicen Señora aunque tú te sientas muy juvenil: Me pasó que salí de casa de mi mamá y me encontré al novio de la vecina adolescente. Yo muy “acá” diciéndole: “¡Hola! ¡Cómo estás! (sonrisa y toda la cosa) ÉL: “Hola Señora, ¿cómo está?”. ¡¿¡¿Qué!??? ¿SE-ÑO-RA?, me sentí una viejita de bastón y arrugas en las arrugas. Mijo, ¡no soy tan grande! Háblame de tú. Por favor.
  3. Dolor de espalda y rodillas: No sé si nos pasa a todas o sólo a las que somos mamás de pequeños a esta edad, pero mi espalda parece una marimba. Truena todo el día, además de que me duele si cargo a mi hijo más de media hora o me excedo en el ejercicio. ¡Ouch! Duele de verdad. Y las rodillas…. ¡las rodillas! Son un martirio. Sobre todo después de varios días en tacones o después de una noche de fiesta. Parezco camello torcido.
  4. Una cruda te dura una semana: Ya que mencioné las noches de fiesta…¡Ufff! Antes una noche con algunos excesos se curaba con una sopa caliente y agua mineral. Ahora, si se me ocurre excederme en los tragos, lo pagaré hasta mediados de semana. Ojos hinchados, la piel seca, dolor de cabeza y un cansancio incomparable. Vaya si extraño el aguante que tenía.
  5. Mis horas invertidas bajo el sol ahora son arrugas y manchas: Amo el sol. Lo amo. Y abusé de él durante mis “veintes”. Me tendía al sol como lagartija y quería tener el color de Luis Miguel en un día. Me puse de todo: aceite de coco, coca, cerveza, bronceador con protección mínima. Una locura. Y hoy ese bronceado quedó atrás y me dejó de recuerdo varias manchas y arrugas que hoy no se quitan con nada. Empecé a utilizar bloqueador a diario hace apenas unos años cuando el daño ya estaba hecho.
  6. La maldita gravedad: Siempre sufrí por tener tanto busto. De verdad. Mis amigas me envidiaban y yo siempre quise esconderlas. Ahora supe que hubiera sido la mejor decisión quitarme un poco con cirugía. No estaría peleando con los tirantes del traje de baño o el brassier que ya no dan para más, o tener que usar Push-ups si quiero que se vean “paraditas”. ¡Todo se cae! Ojos, busto, pompas… ¿pues de qué se trata?
  7. La comida empieza a ponerse en tu contra: Que si los lácteos inflaman, el azúcar genera arrugas, las harinas se quedan en la cadera… ¿Qué pasó con mis años mozos, cuando podía comerme una torta rellena de “Doritos” durante el lunch, llegar a comer a casa como ex-presidiario, comer chatarra en la tarde y cenar bien después de ver al novio o hacer ejercicio? No subía de peso. Ahora con pasarme los tacos por enfrente subo 300 gramos. Me cuido mucho más que antes, trato de no comer lácteos, harinas, azúcar refinada, refrescos, carne roja, etc, y peso más que antes y ¡ah! cómo me cuesta mantenerme (que balconeada me estoy dando).
  8. El cajón de los vitamínicos, el parecetamol y antiácidos está mejor surtido que tu cantina: ¡Jajaja! Qué risa, pero es verdad. Todos los días tomo un surtido rico de vitaminas: Colágeno, Vitamina K, Vitamina A, Vitamina C, tengo cápsulas de retinol, sueros de elastina, de baba de caracol…bueno! De todo para mantenerme sana, firme (hasta donde se pueda), nutrida y con energía. De la cantina, mejor ni hablamos.

Así es mujeres mías. Tener 40 tiene sus matices. Es genial e inevitable, mágico y doloroso a la vez. En lo personal me ha costado mucho aceptar el paso del tiempo pero gracias a gente que quiero mucho y que diario me ayuda a recordar quien soy, he empezado a disfrutar cada etapa y de eso se trata la vida. Así que recorran sus años con gusto y amor, aprendan y disfruten, vivan al máximo porque los años se van.



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