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Mamá y profesionista

¿De verdad se puede?

Por Lorena Reyes

Recuerdo la primera vez que hablé de mis planes de ser mamá. Dentro de esos planes estaba el dejar a mi hijo(a) en una guardería a los 45 días de nacido y seguir trabajando como lo hacía. Por supuesto la cara de indignación de mi madre no se hizo esperar sumado a constantes críticas y consejos, y eso que el supuesto bebé aún no estaba concebido.

140304543Años después, mi ruta profesional cambió durante mi embarazo, gracias a un jefe del que no quiero ni acordarme, salí de la empresa donde por muchos años trabajé. Me asocié con varias personas y fundé mi propia empresa. Todo parecía el plan perfecto pues podría acoplar mi trabajo con los tiempos del bebé. No fue así. Este relato sería sumamente extenso si les contara el vía crucis que fue intentar tener una empresa apenas en fundación y crecimiento y un bebé de dos meses cuidado por otra persona mientras yo estaba trabajando.

A fines del año pasado nuestra compañía cerró. Después de enojarme con la vida, el destino y conmigo misma, creo que fue lo mejor que me pudo pasar. Si no hubiera sido así nunca habría dejado de trabajar para dedicarme a una empresa mucho más demandante: Mi hijo.

Aun así, no ha sido fácil, pues después de ser una mujer que ha trabajado siempre y percibir mi propio dinero sin pedir nada a nadie, sentí que me pusieron un freno de mano que no evitó que me  estampara en una pared de miedo y frustración profesional. Por un lado estaba mi hijo, con esos ojos enormes y llenos de ilusión que amo más que a nada en el mundo pero por otro lado ¿dónde quedaron mis ilusiones y ambición profesional?

Creo que muchas entenderán de lo que estoy hablando. Y es que antes nuestras madres estaban programadas a que una vez casadas, los hijos por venir eran cuestión de tiempo y la dedicación a ellos en cuerpo y alma, sin cuestionamientos o remilgos. Ahora no. Y no quiero decir que nuestras madres no fueran ambiciosas, inteligentes, valiosas, pero sabían que ese rol era por decir un protocolo que tarde o temprano debían cumplir. Eran pocas las madres de esa generación que siguieron trabajando. Entonces no lo sufrieron, simplemente fluyeron.

En lo personal ha sido la batalla más dura que he tenido que librar y no puedo decir que ya la gané. Hay días, muchos, en que añoro profundamente la presión del trabajo, los proyectos, el reconocimiento y por supuesto mi sueldo. Pero ¿saben? Cuando tengo una crisis y quiero correr a pedir empleo nuevamente volteo y veo a mi hijo y de verdad no hay nada que pague el hecho de ir por el a la escuela y verlo correr hacia mí con una sonrisa que llena el alma.

Hoy trabajo desde casa y me organizo para cumplir tanto con mi jefe como con mi hijo. Estoy segura de que se puede tener todo, pero en diferentes proporciones. Cada una elige lo que quiere, puede y necesita. Ninguna decisión es buena o mala, es simplemente que no todo se ajusta a la vida y personalidad de cada individuo y es por ello que  siempre digo: Cada cabeza es un mundo.

Estoy segura que algún día habrá oportunidad de regresar a cumplir esos sueños laborales. Mientras tanto, expreso mi profunda y sincera admiración a esas mujeres que son madres, trabajan jornadas enteras y además dan tiempo de calidad a sus hijos. Son un ejemplo a seguir.

 



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