Mamás perfectas, ¡leed esto!

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Por Lore Reyes

Como si no fuera suficiente lío ser madre, tratar de entender cada etapa de crecimiento de tu hijo, y al mismo tiempo intentar sobrellevar los cambios de tu cuerpo, tu humor, tu cansancio… También hay que hacer hasta lo imposible para ser la madre perfecta o morir en el intento.

Con “madre perfecta” me refiero a esa que se rige estrictamente por la crianza respetuosa, el apego, el colecho, la liga de la leche, la alimentación btw, no gritos, no nalgadas, pañales de tela, cero azúcar, alimentación crudi vegana, niños multitasking, que hablan tres idiomas o más y hacen toda clase de deportes. Y estas mamás no solamente se conforman con llevar este estilo de vida al pie de la letra (no lo juzgo) sino que critican a todo quien esté fuera de lo que ella lleva a cabo.

Y la crítica puede ser feroz.

Este tipo de mamá te hace sentir como si fueras la persona más inútil del planeta y con nula aptitud para ser madre. Per se, ser mamá trae incluidos “sándwiches de mierda” a los que debes darle una mordida diaria, y todavía… (¡sí, todavía!) tienes que aguantar a esa madre que tiene todo bajo control mientras que tú no puedes ni establecer un horario de tareas y tu casa parece un campo de guerra.

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Es infinitamente cansado platicar con esa persona que de antemano sabes que te va a criticar, que te va a decir que cómo es posible que no puedas lograr que tu hijo coma saludable y que le des una salchicha si ya conoces (es tu obligación saberlo) su proceso de elaboración. No se te ocurra mencionar que no amamantaste porque te va a linchar. O decir que tu hijo se duerme tarde porque estás afectando terriblemente su crecimiento. Vamos, es una mala combinación entre una suegra enfadada y tu peor enemiga.

Hay una guerra indiscutible y álgida en los grupos de mamás (chats y Facebook) en donde las diferentes opiniones no se hacen esperar y donde la tolerancia y el respeto a quienes no comulgan con esa madre al estilo Martha Stewart es inexistente.

Pero ¿saben? En mi vaga experiencia como madre estoy completamente segura de que NO hay madres perfectas y mucho menos niños perfectos. Cada una de nosotras hace todo lo posible y hasta lo indecible para que sus hijos estén bien. En las mil versiones que existen. Si eres la mamá que se queda con ellos todo el día, o la que se va a trabajar 8 horas para darles lo mejor. La que amamantó hasta los tres años y la que se apoyó en fórmula. La que invierte varias horas a balancear perfectamente una comida y la que no tiene tiempo y hace comida sencilla. En ninguno de los casos hay más o menos amor. En cada cosa que hacemos va el amor y deseo de ser una madre perfecta no para las demás mamás, no para la foto del Face o Instagram, sino para TUS HIJOS. Y claro que vas a fallar, porque antes de ser mamá eres humano. Y si bien no hay instructivos, si hay instinto y un cariño profundo que te mueve día a día. Es un motor que funciona aún sin gasolina.

No creo que ninguna mamá se levante con el ánimo de “fregarle” la vida a sus hijos. Hay días buenos y muchos días malos en los que se pone a prueba tu tolerancia y tu habilidad para trabajar bajo presión. Aquí descubres de qué está hecha tu fortaleza, tu capacidad de amar y tu autoestima. Aprendes a recibir la crítica y que tanto tomar de ella. Si te destroza o te vale.

Yo soy una mamá que se veía realmente fatal (nivel monstruo) después del parto, que no amamantó, y que dejó de trabajar cuando su hijo tenía 2 años.bebés mexicanos

Aún extraño muchísimo trabajar y ganar dinero sólo mío. Entre mis demonios y luchas diarias está este tema. Soy una mamá que se esfuerza cada día porque su hijo coma bien pero que no lo logra la mayoría de las veces, que le dio Gerber y también preparó papillas naturales. Una mamá que lo deja comer dulces, pizza y salchichas pero también lo obliga a comer verduras. Una mamá que llora porque no logra que su hijo sea obediente como otros, pero orgullosa de su amplio vocabulario a su corta edad y su espíritu libre. Soy mamá de pañales desechables, que lo deja jugar en la tierra y mojarse. Que le presta el celular para que nos deje hacer sobremesa y pero también lo impulsa a ser deportista.

Soy una MADRE REAL llena de contrastes, a la que le ha costado mucho aprender a serlo y dejar un poco atrás su vida anterior. Extraño muchas cosas, como comer sin pelear, bañarme con la puerta cerrada y arreglarme sin apuro. Lo digo abiertamente, me encantan las noches que puedo salir con amigos y mi marido, cuando puedo tomarme unos tragos y bailar música que no sea de la Gallina Pintadita. Amo el día que puedo arreglarme el cabello y ponerme tacones, sin correr por la mañana para dar desayuno, vestirlo y hacerme el chongo aburrido que traigo diario.

Mamá de carne y hueso, que llora, que se desespera y que regaña. Pero también soy la persona que más lo ama, estoy segura.

¿Qué si me equivoco? ¡Por supuesto! A veces me siento perdida, exhausta, sin salida. Pero no pretendo ser perfecta en absoluto, ni que él lo sea, aunque a veces lo presione demasiado. Lo único que quisiera es que entre nosotras, fuéramos más comprensivas, más humanas, y que si ya de por sí este camino es duro, largo y en muchos casos solitario, deberíamos hacernos fuertes entre nosotras, enseñarnos, no criticarnos vorazmente. Entender que cada cabeza (y cada madre/padre) es un mundo y decide cómo criar a sus hijos. No podemos vivir justificando nuestras decisiones y viviendo inseguras de ellas.

Así que Mamis. Las felicito y reconozco su labor. Por favor, crean y confíen en ustedes mismas. Sigan su instinto y su corazón. De eso se trata ser mamá. Un día a la vez.

Con todo mi amor.

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