Mamás y el Sexo

Por: Lore Reyes

Seguir siendo sexy y sorprendente después de los hijos.

¡Ah, qué canija es la vida!… una invierte mucho tiempo en hacer ejercicio, comer sano, mantener su cuerpo más o menos pasable y ¿para qué? ¿Para que nadie lo vea y menos lo toque? Sí. A lo mejor voy a decir una barbardidad pero la pura verdad es que siendo madre de niños pequeños es difícil continuar con el ritmo de la vida sexual perfecta y de película.

Por más que lo intento, hay veces que mi poca energía se lleva de calle a mi libido. ¡No es que no quiera! De verdad lo planeo, lo intento y ¡zaz! Acabo el día exhausta y lo único que quiero hacer en una cama es dormir.

Así van pasando los días, diciéndome a mí misma que ahora sí esta noche me tengo que aplicar, y me sorprende darme cuenta de que ya pasaron más de 8 días (o más) de la última vez que hice el amor.

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¿Qué pasó con esas tardes sexys o esas escapadas de fin de semana? Pasa, que se convirtieron en salir cargada con miles de cosas para los críos: pañales para nadar, bloqueador, sombreritos, juguetes para la alberca, etc. Todo el bendito día estás jugando con los niños, corriendo al baño, inflando “flotis”, ¡sacándoles arena del traje de baño!… y por fin llega la noche y cuando crees que tendrás esa sesión de pasión y locura…tu hijo se insoló o a ti te cayó mal la comida. Adiós noche de “50 Sombras de Grey”.

En casa ni se diga, nos olvidamos de la lencería linda, de la depilación brasileña, del cabello alaciado; y estamos tan expuestas a la presión y los horarios que “un rapidín” deja de ser divertido y casual, y se convierte en la manera de hacerlo siempre, porque ya queremos dormirnos, al otro día tenemos un día de infierno o simplemente porque ya vivimos inmersas el estrés y la corredera. Si acudimos a una copa de vino, lejos de sentirnos atrevidas y románticas el efecto es de knock out. Al menos yo, necesito más de dos copas para revivir.

Pobre de mi marido, que ya sabe, que si me pongo mi pijama, esa a la que él llama “hilacho viejo” ya estuvo que no hubo acción. Parece que es mi campo de fuerza y mi manera de decirle que no tengo la menor intención de quitármela y menos de quitarle a él la ropa.

¿Por qué si tenemos energía para andar todo el día llevando y trayendo a los niños, llevarlos a las clases de pintura y karate, darles de comer, hacer tareas, bañarlos, jugar con ellos…, no guardamos un poco de esta energía para encender la chispa con nuestro amado hombre? Llegamos a la cama arrastrándonos de cansancio, con cremas en la cara y un outfit digno de un pordiosero, eso no es sensual en lo absoluto.

Me rehúso a encerrar a mi Yo sexy en una cajita empolvada pidiendo un rescate millonario. Haré las paces con mi interior juguetón y dejaré a un lado la pereza. Entenderé que no pasa nada si una noche no preparo la ropa del día siguiente, pero sí pasa mucho si descuido a esa persona que amo y a la que a veces no se lo digo. Mamás, si ustedes pasan por esta etapa también ¡háganlo! Y cuéntenme qué tal les fue.

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