Mujeres en guerra

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Por Lore Reyes

Seguramente todos hemos escuchado el refrán que dice: mujeres juntas, ni difuntas. Y yo, aunque muchas ocasiones me parece difícil empatar con mi mismo sexo, me niego a creer que así sea.

Creo que las mujeres tenemos un poder increíble y transformador en todo lo que tocamos. Sea un hogar, una empresa, una relación, un niño, un detalle. Sin embargo, también he visto últimamente el lado villano de ser mujer y como entre nosotras podemos destruirnos y devorarnos sin compasión.

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Es un hecho: hay una competencia irritante allá afuera. Y voy a hablar desde mi punto de vista de madre. Estoy en un par de grupos de Facebook de mamás, grupos que fueron creados –según entiendo– para apoyarnos, para decir cosas que en otros lugares no podemos, para aclarar dudas sobre la maternidad, para desahogarnos de situaciones complicadas que un matrimonio, amasiato o noviazgo incluyen y hasta preguntar qué carajos hacer de comer, porque ya no tienes ni idea. Pero poco a poco ves que los ataques se van dando, que todas nos sentimos perfectas al juzgar de manera implacable la vida de los demás. Nos criticamos horrible, por cómo es el esposo, por lo que le das de comer a tus hijos, por la manera en que escribes, por cómo le hablas a tu suegra, por el accidente que le sucedió a tu hijo en la escuela… ¡Ay no! Si de por sí es difícil encarar las críticas de tu familia y amigos cercanos, ahora imagina dar excusas y explicaciones a tantas; mujeres que sin conocerte siquiera, sienten que son mejores que tú.

Y no solo se da esto en los grupos de Facebook, donde obvio es más fácil criticar y ser directa pues estás escudada detrás de un celular o una computadora; también se da en la vida diaria, en la sociedad escolar donde hay una lucha por ser la mamá inmaculada que no comete errores. Y esa lucha, esa presión por ser alguien que no eres, por entrar en un molde que no te acomoda, genera una ansiedad que carcome. Porque jamás será suficiente, siempre habrá un hueco, algo que no consideraste, por lo que te van a criticar.

El antídoto

Hace un par de semanas, fui a una meditación guiada y maravillosa. En ella se habló del amor y el miedo y cómo este par de sensaciones viven con y en nosotros, nos hace movernos día a día y como nos conectamos a ellas. Me di cuenta de que mucha de mi relación con mi hijo está movida por el miedo. Miedo a no cubrir las expectativas de los demás. Y entonces ese miedo se convierte en presión hacia él, para que sea perfecto, y de esa manera, yo sea perfecta. Sí, la mamá perfecta, reconocida, aprobada. Mamá del niño que se porta genial, come maravilloso, no hace berrinches, es inteligente, culto y deportista.

¿Saben que es lo peor? Que las críticas que busco eludir a toda costa, son de MUJERES. Mujeres en guerra que son mamás y por ende, no son perfectas, o que ni siquiera son mamás y ni idea tienen de lo que es este show. ¿Y qué es lo único que he sacado de esto? Un problema de ansiedad, además de traer jodido a mi hijo para que cumpla con lo que yo necesito. ¡Átenme, por favor!

Como mencioné arriba, hablo desde mi rol de mamá, pero la verdad es que en cualquier ámbito las mujeres somos muy críticas e incisivas entre nosotras. Presionamos, criticamos, aislamos, nos burlamos, hacemos grupos, nos creemos mejores y lo peor… lastimamos.

business-world-mujeres-en-guerra2207747_960_720¿Por qué no somos un poco más como los hombres en ese sentido? No he escuchado a ningún hombre criticar a su amigo porque su esposa no amamantó a su hijo o porque le dio un pedazo de pastel lleno de calorías. ¿Han escuchado a un hombre “tragándose” a otro en el trabajo porque ya usó 2 veces ese suéter en la semana? ¿No verdad? Entonces ¿por qué nos empeñamos en vivir una guerra entre nosotras?

El mundo está cambiando y muchas de las cosas grandiosas que han sucedido han sido generadas por nosotras: ahora tenemos mucho mayor poder político, económico y social, ¿Qué pasaría si usáramos más de esa energía en transformar vidas y crear, que en criticarnos y destruirnos entre nosotras?

¿Qué pasaría si dejamos de atormentarnos por encajar y querer entrar en los estereotipos? ¿O por otro lado, dejamos de criticar y damos libertad a todos de ser felices tal como son?

Yo creo que no habría tantas poses, tanta ansiedad y tanta felicidad fingida. Tendríamos la libertad de ser nosotras mismas, tal como te lo piden cuando eres niño. Confiaríamos más y seríamos más auténticos. Hagamos la prueba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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