Nuestro lado oscuro

el lado oscuro del hombre

Por *Ángel Azul

En una época en la que las personas se enfocan —o al menos se esfuerzan por enfocarse— en los sentimientos positivos como el amor, la amistad o el perdón, a mí gustaría hablar de lo que han llamado aspectos negativos de la personalidad como la ira, la soledad, la frustración o la tristeza.

Y no, no soy una persona amargada, pero siempre he pensado que nadie es totalmente bueno, amable o cariñoso. Todos tenemos matices blancos, grises y negros (a veces, muy negros).

Está bien tratar de ser “lindo” y bondadoso, pero también está bien enojarse, está bien sentirnos tristes de vez en cuando y está bien sentirnos mal cuando las cosas no resultan como las planeamos. Está bien gritar y llorar porque, sinceramente, quién no lo hace cuando los sentimientos se desbordan, cuando algo ocurre que nos saca de nuestro mundo feliz y perfecto.

Aunque parezca contradictorio, todo lo negativo que existe dentro de nosotros nos ayuda a ser mejores, nos ayuda a ser nosotros mismos, sin las máscaras y caretas que usamos para tratar de agradarle a todo el mundo.

¿Recuerdan la película Intensa-Mente (Inside Out)? No sé a ustedes, pero el personaje más fastidioso (al menos para mí) fue Alegría. Esas ganas de ver siempre lo positivo, de sonreír todo el tiempo, de esforzarse por ver el lado bueno a una situación a todas luces desoladora, para mí es demasiado. Su felicidad desbordante y su inconmensurable optimismo es, de verdad, abrumador. Sí, entiendo que son dibujos animados y que se trata de una cinta infantil cuyo propósito es dejar un bonito mensaje, pero pensemos qué pasaría si encontráramos a una persona en la vida real que todo el tiempo “tintineara”, que hasta el peor día le pareciera perfecto o que tratara de ser amigo del más ruin, ¿seríamos capaces de soportarla?

Estoy de acuerdo en que no es bueno andar con el ánimo agrio por la vida, pero debemos darnos la oportunidad de enojarnos, de sentirnos mal, de sentirnos frustrados, de llorar.

Que hacer con la tristeza

Si tenemos alguna fricción con alguien en el trabajo, por ejemplo, debemos decirle a la persona en cuestión que estamos molestos con ella, exponer nuestros puntos de vista y decirle directamente qué no nos gusta que haga (o que no haga). Creo, honestamente, que eso es mejor que andar con bandera de buenas personas soportando estoicamente la vida.

Si confrontamos lo que nos enoja, tenemos mayores posibilidades de solucionar los problemas, en lugar de tener una cara sonriente y sentir que reventamos por dentro. Es mejor encarar aquello que nos provoca ira en lugar de fingir que todo está bien.

Aunque muchos no lo crean, sentirnos molestos es bueno, porque nos ayuda a salir adelante. Es un motor muy poderoso. Supongamos que alguien en quien confiábamos, un amigo o un colega del trabajo nos traiciona, ¿que harían: actuar como si nada, seguir confiando en esa persona? No, seguramente nos enojaríamos, nos sentiríamos ofendidos y ofuscados. Pues bien, la ira y el coraje que sentimos nos harán ser más precavidos con la gente en el futuro y, desde luego, evitará que sigamos confiando quien que nos engañó. Es aprender a la mala, pero aprender.

Enojo como manejarlo

Es cierto, el tiempo cura todas las heridas, pero si recordamos lo mal que nos sentimos cuando nos defraudaron, no volveremos a creerle a quien nos utilizó. Eso no quiere decir que nos convirtamos en paranoicos y creamos que todos nos quieren dañar, pero sí nos hará ser más observadores para detectar cuáles son las verdaderas intenciones de quienes se nos acercan. Es como si activáramos un radar para detectar cuándo son hipócritas con nosotros y quieren sacar algún provecho. Como escuché algunas vez en una película: “La ira también nos ayuda a sobrevivir”.

Pensemos en alguien nos ofendió o nos humilló, diciéndonos que éramos incapaz de hacer algo… Pues será el enojo lo que nos impulsará a demostrarnos a nosotros mismos (y a él) que sí podemos, porque el coraje es un mecanismo muy importante en nuestras vidas, pero como se trata de un sentimiento “negativo”, muchas veces evitamos usarlo.

Otro sentimiento al que le huimos es la tristeza. Nos han vendido al idea de que debemos ser siempre optimistas, positivos y felices, sin importar las circunstancias. Pues les tengo una mala noticia, eso no posible. Tenemos derecho a sentirnos tristes y de llorar; y no tiene nada de malo.

Cuando nos ocurre algo que nos hiere, una ruptura sentimental, por ejemplo, es normal sentirnos mal y deprimidos. Hay que darnos permiso de estar tristes, de quedarnos un día en casa y llorar. Los valientes también lloran.

tristeza niños

Si confiamos en alguien, podemos acudir a esa persona y confesarle cómo nos sentimos. A veces, hablar también cura. Lo importantes es permitirnos estar tristes y recuperarnos poco a poco. Si no se trata de depresión crónica —condición que sí requiere atención médica—, sino de un estado provocado por alguna decepción, cuando nos desahogamos, nos ayudamos a nosotros mismos a sanar; en cambio, si mantenemos reprimidos, nuestros sentimientos, será más lenta y dolorosa la recuperación.

No estar siempre al 100, también es bueno.

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