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Ser madre es para valientes

Ser madre es para valientes

Por Lorena Reyes

Definitivamente lo creo. La maternidad debería estar clasificada como deporte extremo y de alto riesgo.

No porque piense que aquellas que deciden no ser madres sean cobardes ante la vida, pero la realidad es que ser mamá es uno de los roles más difíciles, y estoy convencida de que es para valientes.

Cuando eres mamá lo único que quieres es que tus hijos sean FELICES. Pero, ¿qué es la felicidad? ¿Como la definimos en términos generales y concretos? Para ellos felicidad puede ser comer helado y papitas mientras juegan en la tablet o se revuelcan en el lodo, sin que mamá les diga nada. Y para nosotras felicidad se traduce en que sean seres independientes, completos, respetuosos, inteligentes y con valores.

Es en este camino hacia la felicidad (con su concepto ambiguo) que uno va sorteando obstáculos como si estuviera en un campo minado. Quieres ponerle límites, pero no quieres ser demasiado rígida. Quieres crear recuerdos felices en ellos, ser buena onda, relajada, amistosa, agradable, pero si aflojas un poco, creen que pueden pasar por encima de ti. Quieres darles todo, pero no tanto para que no sientan que merecen el mundo entero; ser firme pero amorosa, que te respeten pero que no te teman, que te tengan confianza pero que tengan claro que eres su autoridad. ¿¡Qué!? ¿Cómo lograr ese balance sin volverse loco?

Si a veces ni uno mismo se entiende, si te haces un lío entre tus pensamientos, expectativas, sueños, talentos y defectos, ¿cómo es que podemos guiar a otro hacía una vida plena?

Etapas de maternidad

Me pasa que cuando creo que ya atravesé lo peor (dentición, terribles dos, control de esfínteres, etc), inicia una nueva etapa que me parece aún más aterradora que la anterior. ¡Y los niños huelen el miedo! Saben que estás privada de susto, que estás perdiendo el control; y entonces creen que pueden gobernar su vida a su antojo y comienzan los pleitos, las luchas de poder, las rabietas, los berrinches y las consecuencias (recuerden que ya no son castigos).

Todo esto, al menos a mí, me tiene agotada. ¡Y tiene 6 años! Hay días en que me despierto, me levanto de la cama y me descubro planeando a qué hora podré dormirme. Estoy cansada. Mental y físicamente, porque a pesar de que disfruto mucho mi rol de mamá también utilizo toda mi energía en ello, pues estás criando y creando una vida que no es tuya y eso implica una gran responsabilidad.

Y es que no solo tienes que ser una buena madre, sino demostrárselo al mundo: Tus papás, suegros, hermanos, maestros, amigos, ¡incluso otras madres!. Enfrentarte a críticas feroces que te hacen ver que no eres como tu creías, que si acaso pensabas que eras una madre modelo, déjame decirte que estás lejos, muy lejos de serlo y que aquellas madres que son más relajadas, más lejanas, menos preocuponas, tienen hijos más fáciles y llevaderos. Tal vez porque les permiten ser ellos mismos y no están bajo control todo el tiempo, tal vez es personalidad, tal vez es suerte…

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Lo que es un hecho, es que ser madre en estos tiempos, es intenso, estresante, loco. Mi hermana dice que nos hemos convertido en “una especie” muy extraña, pues queremos hijos perfectos pero no les enseñamos cómo serlo y al mismo tiempo los presionamos al extremo para que sean los mejores en todo (escuela, deportes, comportamiento) y que entonces nosotras como madres tengamos ese reconocimiento que tanto nos falta. ¿Será verdad?

En estas últimas semanas he leído mucho, tomado webinars e ido a terapia, pues de verdad me interesa saber cómo enfrentar las etapas de mi hijo. Yo soy quien va a terapia pues el es un niño normal, energético, con carisma, que aprende fácil, pero al que no le va mi rigidez. Entonces soy yo quien necesita aprender a manejar su energía incansable y espíritu libre. Y no saben cómo he llorado, sufrido y enfrentado mi peor miedo, que es que hablen mal de mí y no cumplir las expectativas de la sociedad. Me cuesta hasta escribirlo, pues para nadie es fácil aceptar en voz alta sus temores.

Y como yo, creo que todas las que somos madres pasamos por etapas de desesperación, de confusión, de no saber si estamos guiándolos por el camino correcto, todo esto sumado a la carga emocional de cada una, pues somos humanos y tenemos historia, sueños rotos, cicatrices, dolores pasados, patrones y aprendizajes que tal vez ya no nos funcionan y debemos romper.

Lo único que puedo decirles Mamás que me leen, es que el amor es la clave de todo, no hay nada que no pueda solucionarse cuando amas sin condición. ¡Así que el primer paso ya está dado! Por supuesto que a veces se necesita ayuda, y si sientes que lo necesitas apóyate en libros, terapeutas, videos, amigos… Y si nadie te lo ha dicho nunca: Lo estás haciendo bien, muy bien.

 



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