Soltera y feliz

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Me encontré este texto en mi Facebook, publicado el 13 de septiembre de 2015 a la 01:22 PM Creo que vale la pena compartirlo. 

 

Hace semanas que quería escribir este texto, justo después de que me buscaran para, expresamente, abrirme un corazón y preguntarme, de manera honesta y sin agendas: ¡¿cómo haces para ser tan feliz… estando soltera?!

Yo no sé si soy “tan feliz”, quizá esta imagen que ven en Facebook es sólo una cara de todas las que soy, o tal vez sea la luz total de mí, con mi parte infeliz incluida. ¿Me veo así de feliz?

Esta persona se acercó porque yo la entiendo. Y sí. Entiendo, aunque no del todo, porque nadie puede entender nuestro camino más que nosotras mismas (hablo en femenino porque ella y yo somos mujeres, pero aplica a cualquier género).

Pero bueno, mi respuesta a lo que ella me pregunta: ¡¿cómo haces para ser tan feliz… estando soltera?!

De lo único que tengo certeza es de que no quiero ser infeliz. Y todos los días, de manera consciente o inconsciente, le echo ganitas para ser feliz. Así, con todo y mi estado civil con tache en el recuadro de “Miss”.  No lo hago porque soy soltera sino porque soy yo, y casada, viuda, divorciada o arrejuntada, quiero ser siempre feliz.

Pero… ¡¿cómo ser feliz cuando sí, deep inside sí me gustaría compartir en pareja y no ha sucedido?! No hay una respuesta sencilla para ello…

Sólo puedo compartir lo que yo he aprendido, y quizá les sirva. Lo que enumero parecería que no tiene que ver con estar soltera, sino en pareja. Pero no es tanto así. Esto ha sido el resultado de regarla algunas veces, de intentarlo y, evidentemente (porque estoy soltera) no concretar algo y… como ella me define: ¡seguir feliz! Diría alguien “estar cero amargada”.

1)   Yo no soy responsable de lo que hace el otro

No es lo mismo trabajar para tener una buena salud, eso depende al 90% de mí: mis acciones encaminadas a ello. Aunque el 10% vendrá de genética y otras cosas (que no daré una cátedra de cómo eso depende también de mí). Cuando se trata de algo que involucra a otro, cualquier tipo de sociedad, soy responsable de lo que yo hago, únicamente. El otro, sus demonios, sus miedos, son suyos y yo no puedo decirle: “con terapia vas a querer estar conmigo”. Sería una locura totalmente ególatra, egoísta (obvio, ya lo he hecho). No, ya aprendí: no soy responsable de cómo esté él, de sus miedos, de sus demonios, de sus ganas… De que quiera o no intentarlo conmigo. Soy responsable de mí misma y de lo que hago. Si una persona decide no querer arriesgarse o poner en riesgo nuestra relación –por miedo, saboteo, inconsciencia o you name it– aunque me duela no soy responsable de ello y no puedo hacer NADA al respecto… con relación con él y su decisión, claro, pero puedo hacer algo al respecto a mi decisión y lo que hago con ello. Punto.

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2)   El miedo es el peor enemigo de cualquier relación

Mi amiga Arte me lo escribió en un hang out: “donde hay miedo no cabe la felicidad”. Qué cierto. Pero también me dio una lección un amigo, de esos cabrones, por ende, el más guapo, sexy, ya saben, el imposible de ignorar, pero que piensas que sólo te dará un consejo de “player”. Me sorprendió, porque, auch, tiene toda la razón en lo que me dijo, que, literal, lo comparto.

Esto fue lo que me dijo cuando le compartí que había miedo de volver a equivocarnos, a salir lastimados… (una vez más, una también se cansa de ello…)

“Ay, María, ¿neta? Mira, te voy a decir lo que pienso de esto… y por favor no me lo tomes a mal, te lo digo porque te quiero bastante y quiero verte feliz. Se me hace de lo más pendejo que me digas eso. Se me hace de lo más pendejo que por miedo a un corazón roto, a ciertas desilusiones, a que intenten y no funcionen, no lo hagan. Porque en automático ustedes solitos están metiéndose el pie antes de que la misma vida lo haga. Es una estupidez que por miedo la gente no haga las cosas. Porque así como puedes resultar herida y aunque así fuera ¡no pasa nada, no te vas a morir!, la contraparte es que pase algo totalmente chingón. Puede que truene, que al final salgan los dos heridos y no se vuelvan a hablar en su vida; pues sí, claro, ¡todo mundo!, no nada más ustedes o tú. Pero puede pasar la otra cosa: que se liberen de esos miedos y esas PENDEJADAS y hagan algo chingón, que florezca una relación súper chida sin esas ataduras al pasado, esos nervios. ¿¡Qué tal que sí?! Así que a mí me parece una estupidez no hacer las cosas por miedo, porque nomás te echas para atrás, te vas a una esquina y piensas “y si hubiera…, ¿qué hubiera pasado?”, jamás lo vas a saber. No hay nada mejor que aventarte a hacer las cosas, recibir los chingadazos y gozar de lo que tengas que gozar. Punto. Entonces, ¡no mames!”

Entonces: sí, yo también me muero de miedo de que me lastimen, también siento ese miedo, pero, ¿qué estoy haciendo con él? No lo ignoro, lo siento. Lo saco de la manera en que puedo: lloro, repito mantras, rezo, hago thetahealing… pero no lo evado y, espero así sea, cada vez actúo menos desde él, no dejo que domine mis actos y, por ende, mi felicidad. El miedo está ahí, así que en lugar de hacerte muy wey: deal with it! No dejes que te paralice por completo.

3)   Un ¡”·$%&/(/&%$ estatus civil no me define!

Lloré muchísimo cuando lo entendí. Porque tenía años haciéndome esto a mí misma, de manera inconsciente. Me he lastimado tanto a mí misma en este punto que no fue sencillo reconocerlo y perdonármelo. Esta es una de las sesiones más fuertes que he tenido en terapia, porque ahora no fue cute mi loquero. “Estás minimizando todo lo que eres por una cosa que no se ha dado en tu vida”… sentí que el piso se me movía y quería vomitar. Así de fuerte porque ¡es cierto!

Lo tomo en el punto de “estar soltera” pero aplica a cualquier aspecto de nuestras vidas en donde “no sucede”: ser independientes, aprender a decir que no, hacerla en lo profesional, poder tener un hijo… Solemos dejar que el drama de no tener una cosa anule todas las bendiciones que sí existen en nuestras vidas. Así que un estado civil no define a María Cristina.

4)   Si la sociedad piensa algo, es PEDO de ellos, no mío

De verdad que la gente es tan infeliz y con tanta autoimportancia, que primero, se enfoca en sentir envidia por los demás o tratar de criticar a los otros o tener la razón sobre tal o cual cosa, antes de ponerse a ver y arreglar sus propias vidas. Así que si el vecino te llama “la señora, señorita o lo que sea del 14”, es SU pedo, no el tuyo.

5)   Disfruta lo que tienes ahora

Esto no significa no hacer planes y desear ciertas cosas, pero la vida cambia tanto, es tan efímera y fugaz, que no sabes qué vendrá mañana o el próximo año. Así que si tienes algo: gózalo. Al ser soltera tienes cosas fantásticas, ¡disfrútalas! Si empiezas una relación, ¡disfrútala! Si decides cambiar de relación, ¡pues a cambiar! Es un poco lo que Javier me dijo: no te adelantes, no sufras por lo que podría suceder, no vivas en el pasado, ¡eso ya no existe!

6)   Confía

Este punto es para quien sí desea estar en pareja (se vale no quererlo) y es duro… más porque a estas alturas, ¡ya lo has visto casi todo! Pero aún así, confía. Confía en que hay alguien allá afuera que, si tú así lo deseas, querrá estar contigo, con todo lo maravillosa, enojona, pachorras, mala cocinera, sexy, burra en matemáticas, mal hablada, con tus rollos en la cintura, tus ojos chispeantes, buena en la cocina, tímida, abierta, divertida, callada… con todo eso que es un poco de ti. Confía. Si no es él, será alguien más, pero confía. Y por eso mismo, pasa al punto número dos. Confía sin miedo, sin desesperanza e ¡inténtalo si te llega la ocasión! Busca la ocasión, deja que llegue la ocasión. Alguien querrá compartir la vida conmigo porque soy una persona fantástica con la que compartir la vida es un placer… y esto es porque yo misma quiero vivir conmigo. Soy una buena persona. ¿Él no lo piensa así, me tiene miedo? Es SU problema, no hay nada de malo en mí.

El amor es un cúmulo de coincidencias, de momentos y de ganas. No te enamoras ni de el más guapo o el más “bueno para ti en papel”, te enamoras en el momento en el que es, de quien es. No hay tiempo perfecto o específico. Llega o llegará cuando lo sea. Confía pero trabaja en ello. Lo extraordinario (porque eso es lo que buscas… la magia) no es común, no se ve todos los días. Y nosotras, solteras a esta edad, lo sabemos. Es tan poco común… la sincronía no sucede cada quincena. Así que confía en que llegará y cuando llegue: no seas pende… ¡no dejes que el miedo te detenga! (volver al punto dos). No puedes controlarlo todo, dear control freak! Deja de intentar controlar esto también.

7)   Chambea contigo

Nadie puede hacerlo por ti, NA-DIE. La armonía y desarmonía interna es tuya y nada más. Así que: trabaja por ella. Técnicas hay miles, terapeutas millones, pero chambea para ir por la vida más ligera y sí: feliz. Este es el punto en el que, sin querer, reflejarás en la vida, y en el Facebook: que estás feliz con todo y estar soltera. Porque lo estás.

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