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Tropiezos de una vegana

Tropiezos de una vegana

Por Laura Sainz

Estoy a poco de cumplir ocho meses de mi transición al veganismo (ser vegana, pues) y no terminan los descubrimientos. Hace algunos días me di cuenta que mis gotas desinfectantes tenían ‘grenetina de origen animal’, lo había pasado por alto completamente, fue omisión mía porque asumí -inconsciente y malamente- que un microbicida no podía tener derivados animales, es más, ni lo imaginé, ¡y vaya fiasco!

Desconozco experiencias ajenas de otros veganos. Fuera de varios personajes que ya tienen tiempo en esto y a quienes sigo en redes sociales, sólo tengo un ex compañero de trabajo totalmente vegano, mi círculo de amigos cercanos es carnívoro, así que he transitado esta ruta prácticamente sin guía, en soledad, conducida por la intuición y el sentido común, leyendo e informándome.

¿Cómo te conviertes en vegana?

Antes de convertirme en vegana aprendí a comer balanceadamente. Atravesé muchos procesos para llegar a la decisión y el entendimiento de sustituir las proteínas animales por las vegetales, sin embargo el estilo de vida vegano va mucho más allá de éstas y de la vitamina B12. Hay tantas y tantas cosas por conocer que a veces me abruma el pensar si alguien puede realmente ser completamente vegano en esta sociedad, y en todo caso, llevaría varios años obtener el expertise suficiente para asimilar que en cualquier producto de la vida diaria se pueden encontrar ingredientes derivados de animales.

Ni hablar, me resta mucho aprendizaje y no sólo culinario, el cual vale la pena acotar, ¡me ha encantado! Que conste que no soy mujer de la cocina, sin embargo, una vegana tiene pocas opciones de alimentos procesados listos para su consumo, así que se opta por cocinar, por leer los ingredientes de TODO lo que compras (obviamente no lo hice con el microbicida) porque la leche, el huevo y la mantequilla suelen escabullirse en más cantidad de productos de los que se pueden imaginar.

Un enorme mundo

A la par de lo anterior, el ser vegana me ha hecho reflexionar en el respeto, la tolerancia a lo ajeno a la propia forma de vida, me he acostumbrado a recibir críticas por mis hábitos alimenticios, me han llamado extremista, rara, fanática, me hacen comentarios como “ser vegano es muy radical” o “los veganos se creen superiores”.

Tras explicar que no consumo animales o sus derivados me preguntan, “¿y el pescado tampoco? (o cualquier marisco), ¿qué hay del queso, no lo comes?” Me han hecho comentarios tipo: “anda, ¡pruébalo!, come una vez, no te va a pasar nada”, “¡guácala, qué asco me da tu comida!”, “Jesucristo, yo nunca podría dejar de comer carne”, “en serio, por qué eres vegana, ¿estás enferma?”, and so on.

Me he persuadido de pensar que lo anterior –como cualquier tipo de intolerancia– sucede porque somos ignorantes (nótese el desinfectante), porque no nos agradan las diferencias y ante una se nos da por atacar, ofender, desaprobar y hasta hastiarse, antes de ahondar para conocer el trasfondo, o lo que es lo mismo, leer los ingredientes. Así es, todo está ahí, tomen mi consejo.

 

Laura-Sainz

 

 

 



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